Las temperaturas extremas que se alcanzan estos días en el oeste de Canadá y EE UU nos recuerdan la emergencia global que supone el cambio climático. Necesitamos imperiosa de avanzar en medidas contundentes y más rápidas para frenarlo cuanto antes.
En Canadá se ha batido el récord nacional de calor, situado hasta el momento en 45 grados, al registrarse 47,9 grados en Lytton (Vancouver). Las imágenes de colegios, comercios y centros de vacunación cerrados, de ciudadanos refugiados bajo las fuentes o en centros habilitados con aire acondicionado para protegerse de este calor sin precedentes son inéditas.
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La alerta ha generado la respuesta inmediata de las autoridades —Joe Biden ha convocado una reunión extraordinaria de ministros, gobernadores y sector privado en la Casa Blanca ante el peligro de la extensión de los incendios forestales, que ya están superando los del año pasado—, pero debe contribuir sobre todo a concienciar a ciudadanos y gobiernos de todo el mundo de la necesidad de avanzar hacia el cumplimiento de los compromisos alcanzados.
Décadas de detallados estudios científicos así lo habían advertido hasta la saciedad. Ahora, cada vez más, los fenómenos extremos recuerdan a la comunidad internacional el descontrol de temperaturas y sucesos meteorológicos que están extendiendo los incendios, derritiendo glaciares, multiplicando deslizamientos en muy diversas zonas, elevando el calor del planeta en general y generando corrientes de agua en los océanos y de aire que están transformando las pautas históricas del clima.


