La muerte de un estadounidense ha desencadenado un torrente de indignación en Mineápolis y más allá, reavivando tensiones acumuladas en el marco de la dura política migratoria del gobierno de Donald Trump. El 21 de enero de 2026, Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, perdió la vida tras un enfrentamiento con agentes federales en la ciudad. Este trágico suceso es el segundo en no más de dos semanas, tras el asesinato de Renee Good, también de 37 años, a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el 7 de enero.
Desde el primer incidente, las manifestaciones han crecido en número e intensidad. La administración Trump, ante la crítica pública, rápidamente comunicó que Pretti estaba armado y que había mostrado intención de agredir a los agentes. Sin embargo, un video del altercado sugiere una narrativa distinta, contraponiéndose con las afirmaciones oficiales. Según la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, Pretti estaba allí para “perpetuar la violencia”, una declaración que corrió como pólvora en las redes sociales, donde el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, se refirió a él despectivamente como un “asesino”.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostiene que Pretti se resistió violentamente, lo que llevó a un agente a disparar en defensa propia. Sin embargo, la investigación de Bellingcat arrojó luz sobre el caos del incidente, afirmando que varios disparos se efectuaron con Pretti tendido en el suelo, aparentemente desarmado. Para muchos, es una situación que ilustra la creciente inquietud y desconfianza hacia el ICE, que se ha convertido en un símbolo de la violencia y la represión en el tema de la inmigración.
Los protestantes, que se han congregado en Mineápolis y otras ciudades estadounidenses, han manifestado su dolor y su rechazo a lo que consideran una política destructiva. Durante una vigilia, los padres de Pretti denunciaron las “mentiras repugnantes” que rodean su muerte, defendiendo la bondad y el sacrificio de su hijo, quien deseaba hacer del mundo un lugar mejor. La indignación se ha extendido a tal grado que políticos demócratas han amenazado con bloquear financiamiento al gobierno federal si no se realizan investigaciones independientes sobre estos casos.
El clima de tensión se ha exacerbado desde que el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, pidió la suspensión inmediata de las operaciones del ICE en la ciudad, calificando la situación como un estado de crisis donde la confianza en el gobierno federal se ha desplomado. Este ambiente volátil no es solo un problema local: figuras como la actriz Natalie Portman han alzado la voz, lamentando el estado de la nación desde eventos internacionales.
El caso de Pretti no es un caso aislado. La reciente detención de Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años, junto a su padre, ha intensificado la respuesta pública, con muchos ciudadanos acusando al gobierno de sembrar un clima de miedo y desconfianza entre comunidades vulnerables.
A medida que Mineápolis se levanta en protesta, el eco de estas manifestaciones resuena en todo el país, poniendo de relieve un debate crítico sobre la inmigración, la violencia y la búsqueda de justicia en una nación cada vez más polarizada. La tragedia de Alex Pretti es un recordatorio doloroso de las consecuencias que conllevan políticas extremas; su muerte ha dejado una huella indeleble en la consciencia nacional.
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