En el vibrante mundo del arte contemporáneo, una tendencia notable ha comenzado a florecer: la representación de árboles y elementos arbóreos se ha convertido en un tema central en numerosas exposiciones a nivel global. Desde bienales a diversas galerías, las obras que incorporan saplings, troncos y estructuras de árboles están en el centro de atención, reflejando una creciente conciencia ecológica y un llamado a la acción frente a la crisis climática. Un ejemplo destacado es la primera edición de la Bienal Sky High Farm en el norte del estado de Nueva York, que en 2022 presentó una instalación del renombrado artista Harrisons, compuesta por árboles reales en un entorno galería.
En Nueva York, el interés por el arte con temática arbórea ha crecido, con varias galerías dedicando sus espacios a muestras que resaltan el papel vital de los árboles en nuestro ecosistema. Artistas están utilizando árboles vivos, además de materiales reciclados de especies muertas, y algunos incluso han empleado la corteza como lienzo. Estas presentaciones no son meras curiosidades visuales; son una reflexión profunda sobre la urgencia de escuchar a nuestro planeta en el contexto de la creciente incertidumbre climática.
Particularmente relevante es cómo estas exposiciones han surgido en un momento en que la administración de Trump desmantelaba regulaciones ambientales. Eventos recientes, como la decisión de la Agencia de Protección Ambiental de dejar de rastrear los efectos de la contaminación del aire, han alimentado un sentido de urgencia entre los artistas. Este movimiento no se limita a Estados Unidos; artistas de Asia, América Latina y Europa están alzando la voz a favor de la conservación de los árboles, convirtiendo esta causa en un asunto global.
Entre las exposiciones actuales en Nueva York, se destacan varias, cada una ofreciendo una perspectiva única sobre nuestro vínculo con la naturaleza. En la galería Jack Shainman, Alexis Rockman presenta su más reciente trabajo, donde sus pinturas abordan la devastación de los ecosistemas a través de imágenes de bosques en llamas y animales buscando refugio. Aunque su enfoque en la desesperación es innegable, su estilo ha sido criticado por ser más melodramático que informativo.
Matthew Krishanu, en Salon 94, comparte obras que exploran la relación entre lo humano y lo no humano, representando a niños interactuando con banyans, árboles sagrados en su región. Este contraste evoca un sentido de armonía entre el ser humano y la naturaleza, sugiriendo un legado espiritual profundo.
Por su parte, Jura Shust aborda el tema de los árboles desde una perspectiva innovadora, utilizando coníferas recicladas en sus esculturas y cuestionando nuestras relaciones con la naturaleza a través de la tecnología, como al emplear inteligencia artificial para dar forma a sus obras.
La labor de Saodat Ismailova también merece atención, con su filmación evocadora del bosque de Arslanbob, en Kirguistán, que convierte un paisaje natural en un espacio de meditación sobre la memoria cultural. A través de su cámara, captura el susurro del bosque, haciendo eco de las historias de quienes habitan en él.
Santiago Yahuarcani, un artista indígena del Amazonas, presenta sus obras en la Stephen Friedman Gallery, destacando la crítica a la explotación de su entorno. Al usar llanchama, su arte refleja no solo la riqueza de su cultura, sino una relación íntima y respetuosa con la naturaleza.
Con un enfoque claro y comprometido en la conservación y el diálogo sobre el medio ambiente, estas exposiciones no solo reflejan una tendencia artística; son un grito de alerta sobre un mundo que busca reconectarse con la tierra y sus recursos. A medida que avanzamos en 2026, es crucial seguir explorando estos temas y su resonancia en el ámbito cultural y ecológico.
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