Las acciones legales recientes que enfrenta el banco central de Estados Unidos añaden una nueva capa de presión, tanto política como judicial, que podría amenazar la independencia y la credibilidad de una de las instituciones más cruciales del sistema gubernamental estadounidense. La tensión ha aumentado considerablemente desde el intento de destitución de Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal, el año pasado, lo que plantea un significativo desafío para quien asuma la presidencia de la Fed en el futuro inmediato. Los mercados han estado acostumbrados a operar con un cierto grado de independencia, y cualquier cambio en esa dinámica podría resultar complejo y problemático.
El deterioro general de los estándares de gobernanza en Estados Unidos también intensifica el riesgo de errores políticos, incluso en la Reserva Federal. Con su mandato de estabilidad económica dual, la presión constante del Ejecutivo para reducir las tasas de interés se ha hecho sentir, a pesar de un entorno de crecimiento robusto y un desempleo que se situó en un sorprendente 4,4 % en diciembre de 2025. Frente a una inflación persistentemente alta y condiciones financieras acomodaticias, el riesgo de que la Reserva Federal no logre alcanzar su objetivo de inflación del 2 % se amplía, lo que podría tener implicaciones severas en los años venideros.
Aunque una inflación elevada puede facilitar el pago de la deuda nacional, también acarrea el riesgo de un aumento en las primas a medio plazo, lo que podría agudizar la vulnerabilidad de las finanzas públicas. Se estima que la relación de deuda pública de EE. UU. alcanzará el 140 % del PIB en 2030, un aumento considerable respecto al 122 % proyectado para 2024. Este alarmante dato posicionaría a Estados Unidos como el segundo país más endeudado entre las economías avanzadas, justo detrás de Japón, superando a naciones como el Reino Unido, Francia e Italia en términos de carga de deuda.
Esta polarización política, fermentada por un debilitamiento generalizado de la gobernanza, ha contribuido a una falta de eficacia en el Congreso, evidenciada por frecuentes bloqueos legislativos y el reciente cierre del Gobierno. La creciente división ideológica hace que la posibilidad de alcanzar un compromiso bipartidista para resolver los problemas fiscales estructurales del país se vea cada vez más lejana.
Además, la situación se complica en el contexto de las críticas crisis relacionadas con el techo de la deuda. Con la aprobación de la Ley One Big Beautiful Bill, el techo se incrementó en 5 billones de dólares, alcanzando un total de 41,1 billones. Este nivel de deuda pública general se prevé que se supere en 2027, lo que convierte en crucial los resultados de las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026. Estos resultados determinarán si se avecina un nuevo enfrentamiento político y el consiguiente riesgo de un posible impago técnico, una situación que podría generar graves repercusiones en la economía nacional e internacional.
En conclusión, el actual clima político y económico en Estados Unidos presenta un paisaje complicado y lleno de retos, tanto para la Reserva Federal como para la gestión fiscal del país en su conjunto. La combinación de influencias políticas, decisiones de gobernanza y la presión sobre el banco central podría marcar un punto de inflexión en la historia económica de la nación, donde el equilibrio entre independencia y adaptación se tornará esencial en los próximos años.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


