En Puebla y Tlaxcala, la situación de la industria textil se ha vuelto alarmante. La Cámara de la Industria Textil (Citex) ha dejado claro que, en los últimos cinco años, muchos de sus socios han enfrentado una reducción drástica en su capacidad productiva, llegando hasta un 62%. Este preocupante descenso ha estado directamente relacionado con el contrabando de prendas y materia prima subvaluada proveniente, en gran parte, de Asia, especialmente de China. Como resultado, hasta febrero de 2025, el sector ha sufrido la pérdida de 1,200 empleos, una cifra que podría incrementarse si no se estabiliza la situación.
Jorge Moreno Rojas, presidente de Citex, que agrupa a 176 empresas textiles, ha destacado las acciones que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha comenzado a implementar para salvaguardar a la industria local. Sin embargo, ha subrayado la necesidad de reforzar la seguridad en las aduanas para evitar la entrada de mercancía ilegal, que se ha convertido en una amenaza significativa para la economía de la región. La reducción en la producción no solo afecta a las plantas textiles, sino que también repercute en las ventas dentro del mercado nacional.
En el horizonte, Citex ha reportado quiebras de dos empresas y la detención de operaciones de otras tres a lo largo de 2024, todo ello motivado por el aumento en el contrabando de productos asiáticos. Actualmente, la industria textil en Puebla y Tlaxcala genera aproximadamente 25,000 empleos a través de 300 empresas locales. Sin embargo, empresariales en lugares como Tehuacán y Teziutlán han encendido las alarmas; los clientes nacionales están optando por importar mercancías más baratas desde China, lo que pone en riesgo el futuro de las fábricas locales.
La alarmante статистика indica que en 2024 ha habido un incremento de siete veces en la llegada de mercancías ilegales comparado con años anteriores, lo que demanda una atención inmediata por parte del gobierno federal y las autoridades aduaneras. A pesar de los operativos llevados a cabo por el Sistema de Administración Tributaria (SAT) y la Secretaría de Desarrollo Económico y Trabajo estatal, que han resultado en el cierre de negocios que comercializaban mercancía ilegal, la amenaza persiste.
Es importante resaltar que la industria textil no está en contra de la competencia, sino que exige un respeto por las normativas aduaneras. Aunque el consumo de productos textiles continúa, se observa un cambio significativo: los consumidores están reemplazando artículos fabricados en México por aquellos que no cumplen con estas normativas. Esto ha llevado a muchas fábricas a operar con turnos reducidos, simplemente para mantenerse a flote en un mercado cada vez más desafiado.
Con la situación actual, los esfuerzos de regulación deben intensificarse para proteger a la industria textil local. La sostenibilidad de muchas empresas y empleos en Puebla y Tlaxcala depende de ello.
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