En Budapest, un significativo grupo de manifestantes se reunió en la plaza Fővám el pasado domingo, cruzando el Puente de la Libertad en un acto de protesta marcado por el silencio. Esta manifestación busca visibilizar el impacto de un nuevo proyecto de ley propuesto por el Gobierno húngaro, que tiene como objetivo restringir el acceso a la prensa y a las organizaciones no gubernamentales (ONG). La intención clara del gobierno es acallar las voces críticas en una época donde se considera vital que se escuchen las preocupaciones de la ciudadanía.
Viktor Szalóki, director político de aHang, enfatizó en su discurso que su labor no es la subversión, sino la construcción de una sociedad más justa y saludable. Enikő Tóth, directora de campaña de la misma organización, también resaltó la importancia de hablar en nombre de aquellos que están desprovistos de voz en Hungría, destacando el peligro que representa el silencio forzado.
Este polémico proyecto de ley podría ser sometido a voto a mediados de junio y, de ser aprobado, entraría en vigor al tercer día de su publicación, un proceso que ha generado un gran descontento entre los ciudadanos. Durante la manifestación, se llevaron a cabo diálogos sobre la efectividad de tales protestas. Algunos manifestantes compartieron sus dudas sobre su impacto real, afirmando que, a menudo, quienes están en posiciones de poder no prestan atención a estas inquietudes. Un anciano expresó su preocupación por una aparente arrogancia del poder, mientras que una joven defendió la importancia de mantener la esperanza y el ánimo colectivo, a pesar de la falta de consecuencias inmediatas.
La marcha silenciosa culminó en la plaza de San Gellért, donde los activistas presentaron un retablo-molino que exhibía los retratos de políticos del Gobierno, simbolizando la frustración hacia la administración actual. La movilización en Szeged fue, hasta ahora, la mayor con casi 1,000 personas unidas contra este proyecto de ley. Tóth alertó sobre los objetivos claros del Gobierno: regular y silenciar a cualquier organización o ciudadano que se oponga a sus políticas.
El llamado a la acción por parte de los manifestantes es claro: sostener un espejo ante los responsables políticos y continuar denunciando cualquier intento de silenciar la voz de la sociedad civil. Las protestas silenciosas están programadas para seguir el lunes y el martes en otras ciudades, como Hódmezővásárhely y Veszprém, reafirmando la determinación de los ciudadanos de no ceder ante el autoritarismo.
La situación en Hungría, marcada por esta inminente legislación, pone de relieve la tensión entre el poder y la voz popular, un esquema que se repite en diversas democracias del mundo cada vez que se intenta limitar el espacio de la crítica y el debate público. A medida que los días avanzan, la atención sobre este asunto solo se intensificará, y los próximos pasos de los ciudadanos serán observados con gran expectación.
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