En el panorama político de Puebla, se ha encendido una rivalidad histórica que ha alcanzado nuevos niveles de tensión. Alejandro Armenta, actual gobernador y figura central en la administración de Morena, y Ignacio Mier, senador de la misma corriente política, comparten un pasado entrelazado que, a pesar de sus lazos familiares, se ha convertido en un terreno de competencia feroz.
Hace más de tres décadas, estos dos políticos se conocieron en su adolescencia dentro del ámbito del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Armenta, oriundo de Izúcar de Matamoros, y Mier, de Tecamachalco, han sido considerados primos, aunque hoy sus relaciones personales y políticas muestran evidencias de un distanciamiento marcado. Ambos agentes políticos han navegado desde sus inicios en la esfera pública, participando en plebiscitos y enfrentándose a conflictos locales que moldearían sus carreras.
Desde su unión en Acatzingo, donde la familia Mier estableció su bastión, la dinámica familiar se ha entrelazado con la política. A pesar de señalar una conexión lejana, Mier reconoció en una reciente entrevista que, más allá de la consanguinidad, existe una cercanía política y emocional que uno espera que prevalezca, todo lo contrario a lo que se vive en la actualidad. La auténtica rivalidad se ha intensificado, a medida que ambos han buscado posicionarse para futuras candidaturas morenistas, anhelando la gobernatura de Puebla entre 2024 y 2030.
Recientemente, Mier ha comenzado una gira por Puebla, destacando un discurso que enfatiza la defensa de los migrantes y su intención de ser candidato nuevamente. Contrario a su primo, que ocupa la presidencia de la mesa directiva del Senado, Mier busca reinsertarse en la contienda electoral. Sin embargo, el gobernador Armenta ha sido contundente en declarar que, bajo ningún concepto, permitirá que familiares directos participen en futuras elecciones. Esta posición radical respecto al nepotismo fue expresada de manera elocuente por Armenta, quien sugirió, con un tono que mezclaba ironía y desdén, que cualquier intento de cambio de apellido sería la única forma de eludir esta prohibición.
La legislación de Morena ha dictado que el nepotismo no será tolerado. Con la expectativa de que la reforma electoral impida la reelección consecutiva, Mier se enfrenta a un futuro incierto, limitado a las posiciones locales, mientras Armenta se mantiene firme en mantener la limpieza ético-política dentro de su administración.
Mientras este conflicto entre primos se desarrolla, la atención del electorado se centra en cómo influirán estas rivalidades en la estructura política de Puebla. Una batalla que podría redefinir el futuro de la política local, donde las viejas alianzas se desmoronan y emergen nuevas posibilidades. Con el 2024 a la vista, ambos contendientes se preparan para un juego complejo, donde las decisiones tomadas hoy podrían marcar un rumbo irreversible en sus trayectorias políticas.
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