Tras muchos años cacareando el fin de los desfiles —muy costosos y poco relevantes, se decía— la crisis del coronavirus que acabó temporalmente con ellos vino a demostrar que, al menos de momento, no existe otra alternativa. Desde luego no una tan efectiva. Tras pausar forzosamente la maquinaria en los peores meses de incidencia del virus y sustituir la pasarela física por la digital, quedó demostrado que la moda necesita de la emoción de lo presencial para conquistar al consumidor. Aunque, irónicamente, este esté al otro lado de la pantalla.
La variante ómicron
A este panorama, amenazado además por la variante ómicron, se asoma la semana de la moda de Nueva York, la primera de un mes de desfiles que culminará el 8 de marzo en París, tras pasar antes por Milán y Londres. En la ciudad estadounidense el American Collections Calendar, nombre oficial del evento desde el año pasado, desvelará desde este viernes y hasta el miércoles, las propuestas para la próxima temporada otoño-invierno 2022/23 de casi noventa firmas. Lo hará en un formato híbrido, con desfiles físicos, digitales, presentaciones y eventos. La localización oficial, Spring Studios, en el barrio de Tribeca, será el epicentro, pero muchas de las convocatorias se repartirán, al igual que en pasadas ocasiones, por toda la ciudad. “En la ciudad hay muchas facilidades de sitios que ya están preparados para hacer desfiles”, cuenta el español Alejandro Palomo, que desfiló en Nueva York con su firma, Palomo Spain, en 2017 y 2019. Precisamente, defiende el creativo, uno de los puntos a favor de la ciudad de los rascacielos y de su semana de la moda es cómo toda la urbe parece pensada para acoger a la moda. También su difusión: “La diferencia que ha supuesto para mí Nueva York respecto al resto es que hay un efecto mediático tremendo. Hacer un desfile allí implica una repercusión en prensa inmensa”, confiesa el cordobés, que también ha expuesto sus propuestas en París, Moscú o Madrid.
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Precisamente la pandemia es la causa de alguna de las bajas más sonadas, como la de Tom Ford, que anunciaba hace dos semanas que no participaría. “Estoy increíblemente decepcionado por no poder presentar mi desfile”, escribía entonces, “ya que creo firmemente que una puesta en escena en vivo es la mejor manera de transmitir un mensaje claro para la temporada”. Los contagios entre su personal, tanto en su estudio de Los Ángeles, como en su taller o en las fábricas en Italia retrasaron la colección. El diseñador tejano es uno de los nombres más importantes del cartel, pero también el presidente del consejo de diseñadores de moda americanos (CFDA), una de las entidades detrás de la organización junto a la agencia de modelos IMG. Ambas decidieron en septiembre unir fuerzas tras el desorden del pasado febrero, cuando se solaparon y duplicaron recursos.
La de Ford no será la única ausencia de una pasarela que carece de grandes nombres con los que acaparar atención. Thom Browne ha pospuesto su desfile a finales de abril, para celebrarlo unos días antes de la gala del Met, que tendrá lugar de nuevo el tradicional primer lunes de mayo tras dos años atípicos. Tampoco estarán grandes marcas como Marc Jacobs, Rodarte, Oscar de la Renta, Christopher John Rogers, Monse, Pyer Moss o Alexander Wang, que no desfila desde 2019. Por su parte The Row, la enseña de las hermanas Mary-Kate y Ashley Olsen, compartía las imágenes de su nueva colección digitalmente a finales de enero y prepara un desfile para París.
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