La construcción de vivienda formal en México ha comenzado a mostrar signos evidentes de recuperación, un fenómeno notable tras casi una década de retrocesos en el sector. Durante 2025, el Registro Único de Vivienda (RUV) reportó un crecimiento anual del 8.2%, con un total de 138,645 casas edificadas. Esta cifra, aunque positiva, aún se encuentra por debajo de los niveles históricos; por ejemplo, en 2015 se alcanzó el máximo de producción con 301,886 viviendas y en 2019, antes de la pandemia, se construyeron 181,133.
Varios factores han propiciado este cambio en la tendencia. Según Carlos Eduardo Ramírez Capó, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi), el entorno favorable incluye la reducción de las tasas de interés, lo que ha facilitado el financiamiento y ha hecho que más proyectos sean viables económicamente. Además, la estabilidad inflacionaria, a pesar de los aranceles en distintos sectores, ha contribuido a mantener precios accesibles en los materiales de construcción, controlando así los costos de desarrollo.
El fenómeno del nearshoring, que ha impulsado la relocalización de inversiones productivas en diversas áreas del país, también ha influido en la construcción de vivienda. Regiones como Monterrey, Guadalajara, el Bajío y ciudades fronterizas como Tijuana han visto un aumento significativo en la demanda habitacional gracias a este repunte económico. Ricardo Trejo, director de la consultora Forecastim, destaca que esta reactivación en la construcción formal marca el fin de un ciclo negativo que ha durado aproximadamente una década.
Un programa clave en este impulso es el federal “Vivienda para el Bienestar”, que busca construir 1.8 millones de casas dirigidas a personas con ingresos de uno a dos salarios mínimos. Este programa, ejecutado por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) a través de diversas instituciones, ya cuenta con la colaboración activa de aproximadamente el 40% de las 700 empresas afiliadas a Canadevi.
Sin embargo, la construcción de vivienda enfrenta retos estructurales importantes que podrían obstaculizar su crecimiento sostenido. La disponibilidad de infraestructura básica, particularmente en términos de suministro de agua y energía, es una preocupación central. Ramírez Capó confía en que la nueva Ley de Aguas Nacionales pueda generar cambios significativos al asegurar el acceso a estos recursos como un derecho humano para todos los ciudadanos.
Además, el presidente de Canadevi enfatiza la necesidad de agilizar trámites administrativos y reforzar el ordenamiento urbano a nivel municipal. Los cuellos de botella en estas áreas podrían ralentizar el desarrollo de proyectos vitales para el sector.
Afrontando un 2026 que promete ser más dinámico, la expectativa es que la construcción de vivienda se convierta en uno de los motores principales de la economía. La inversión en este sector no solo es fundamental para el crecimiento económico, sino que también juega un papel esencial en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, un factor esencial en el desarrollo sostenido del país.
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