Una de las maravillas más emblemáticas de la antigüedad, el Faro de Alejandría, se alzaba majestuosamente sobre el puerto de la ciudad mediterránea durante la época helenística de Egipto. Con una altura impresionante de 460 pies, solo era superado en estatura por la Gran Pirámide de Guiza. Conocido también como el Faros de Alejandría, esta estructura monumental fue encargada por Ptolomeo I Sóter, un general macedonio que se convirtió en faraón tras la conquista de Alejandro Magno. Su completación fue supervisada por su hijo, Ptolomeo II Filadelfo. Durante la dinastía ptolomaica, que se extendió por 300 años, Alejandría se consolidó como un centro de cultura griega en Egipto.
Ubicado en la isla de Faro, frente a la costa de Alejandría, el faro fue construido de caliza y tenía una arquitectura distintiva: rectangular en la base, octagonal en el medio y cilíndrico en la parte superior. Utilizaba espejos y un horno para guiar a las embarcaciones hacia el puerto de la ciudad, siendo un faro de referencia invaluable para los navegantes.
Desafortunadamente, la estructura, ya debilitada por temblores anteriores, fue prácticamente destruida por un terremoto en 1303, y gran parte de sus restos se perdió bajo el aumento del nivel del mar. Sin embargo, en un esfuerzo por recuperar su legado, historiadores, arquitectos y programadores han iniciado un ambicioso proyecto para crear un modelo digital en 3D de esta antigua maravilla. Según Isabelle Hairy, arqueóloga del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y líder del equipo del proyecto, los fragmentos arquitectónicos se encuentran dispersos en un área sumergida de 18 acres.
El equipo del proyecto Pharos ha llevado a cabo la recolección de bloques de granito y otros relicarios, los cuales están siendo escaneados y digitalmente colocados en el modelo 3D. Entre los hallazgos más destacados se encuentra un pylon que combina habilidades arquitectónicas griegas con elementos estilísticos egipcios. Hasta la fecha, se han escaneado 5,000 elementos de construcción y artefactos del fondo marino, aunque las condiciones del agua han dificultado el proceso, lo que podría traducirse en la necesidad de levantar material sumergido para su conservación antes de su regreso al mar.
La visibilidad es extremadamente limitada en el fondo marino, y la falta de capas de sedimento claramente definidas complican aún más la investigación. Hairy estima que este monumental esfuerzo requerirá generaciones para completarse, subrayando la magnitud del desafío al que se enfrentan los arqueólogos.
Este extraordinario proyecto no solo busca revivir una estructura icónica, sino que refleja el interés renovado por las maravillas antiguas y su importancia en nuestra comprensión de la historia cultural de la humanidad. Las exploraciones en el fondo del mar son un recordatorio de cuán frágiles pueden ser estas conexiones con nuestro pasado y de la necesidad de preservarlas para las futuras generaciones.
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