El envío de dinero a México desde Estados Unidos ha alcanzado un punto crítico, reflejando uno de los descensos más significativos en años recientes. Según el informe del Banco de México publicado el 3 de febrero de 2026, el país recibió 61.791 millones de dólares en remesas durante 2025. Esta cifra representa una caída del 4,56% en comparación con los 64.746 millones de dólares registrados en 2024, marcando así la primera disminución anual desde 2013 y la más pronunciada desde 2009, cuando el descenso fue del 15,5%.
A pesar de esta caída, hay matices positivos en la situación general. En diciembre de 2025, los ingresos por remesas alcanzaron los 5.322 millones de dólares, lo que supone un crecimiento del 1,9% en relación con diciembre de 2024. Además, el monto promedio de cada remesa experimentó un leve aumento, pasando de 393 a 397 dólares, con un crecimiento del 0,97%.
Un dato notable es que el 99,1% del total de los ingresos por remesas se realizó a través de transferencias electrónicas, acumulando 61.197 millones de dólares. De este total, un 49,6% se cobraron en efectivo, representando 30.331 millones de dólares, mientras que las remesas depositadas en cuentas bancarias constituyeron el 50,4%, sumando 30.866 millones de dólares.
Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco Base, identifica dos factores clave que contribuyeron a la reducción en las remesas durante 2025: el deterioro del mercado laboral en Estados Unidos y el temor de los migrantes a salir a trabajar por la posibilidad de ser deportados. Esta situación resalta la fragilidad de la situación laboral para los trabajadores migrantes y sus familias en México.
Los estados que más recibieron remesas fueron Guanajuato, Michoacán y Jalisco, con porcentajes de 8,99%, 8,7% y 8,3% respectivamente. Guanajuato, en particular, recibió 5.515 millones de dólares en 2025, lo que representa un descenso del 2,3% en comparación con el año anterior. Esta información pone de manifiesto la dependencia económica de estas regiones hacia los envíos de dinero desde el extranjero.
Ante este declive, el Gobierno de México ha encendido las alarmas sobre el debilitamiento del flujo de dinero proveniente de los connacionales en el norte. Las políticas migratorias agresivas implementadas en Estados Unidos, junto con la expulsión de mexicanos y un ambiente que disuade la migración, son factores que impactan directamente en las remesas.
El panorama actual exige atención y acción, no solo para apoyar a las familias afectadas, sino también para fortalecer la economía del país en un momento de incertidumbre económica a nivel global. El desafío se presenta no solo en la recuperación de los niveles de remesas previos, sino en garantizar que las comunidades dependientes de estas transferencias puedan resistir el impacto de decisiones políticas y condiciones laborales fluctuantes.
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