En el cambiante mundo laboral actual, ha surgido un nuevo fenómeno que va más allá de la ya conocida renuncia silenciosa: la renuncia por venganza. A diferencia de la desconexión gradual y pasiva que caracteriza al quiet quitting, la renuncia por venganza se da de manera abrupta, intencional y emocionalmente cargada. El objetivo no es simplemente irse, sino hacerlo de tal forma que la empresa “sienta la pérdida”, “se arrepienta” o “lo pague caro”.
Este tipo de salida laboral ha cobrado fuerza después de la pandemia, cuando muchas personas comenzaron a replantearse sus prioridades personales y profesionales. Si bien la Gran Renuncia fue un despertar colectivo frente a las condiciones de trabajo poco humanas, el revenge quitting es una respuesta directa al maltrato, la injusticia o la falta de reconocimiento dentro del entorno laboral.
¿Qué puede provocar una renuncia por venganza?
De acuerdo con datos recopilados por Cobee, algunas de las principales causas incluyen:
Maltrato laboral: acoso, discriminación o abuso de poder generan resentimiento profundo. Un 56% de los trabajadores mexicanos afirma haber experimentado discriminación, y la mitad ha renunciado por ello.
Falta de reconocimiento: sentirse ignorado o subvalorado es otra razón poderosa. El 31.5% de los trabajadores en México se sienten poco o nada valorados.
Injusticias internas: favoritismos o decisiones opacas pueden detonar sentimientos de traición. Un estudio de la Universidad de Georgetown reveló que el 92% de los ejecutivos han visto favoritismo, y un cuarto lo ha practicado.
Condiciones laborales precarias: bajos salarios, falta de beneficios y ambientes tóxicos son caldo de cultivo para este tipo de renuncias. Según WeWork y PageGroup, el 54% de los trabajadores mexicanos se sienten frustrados, y un salario insuficiente es una de las principales causas.
¿Qué pasa cuando alguien renuncia por venganza?
Las consecuencias son serias para las empresas. Primero, se pierde talento valioso. Además, los empleados que renuncian en estos términos tienden a hablar abiertamente de sus malas experiencias, afectando la reputación corporativa. Internamente, su partida puede desestabilizar al equipo, deteriorar el clima laboral y reducir la productividad general.
Cobee recomienda que las organizaciones trabajen en construir entornos laborales justos, humanos y positivos, donde las personas sientan que se les reconoce y respeta. Solo así se podrá prevenir no solo la fuga de talento, sino también el resentimiento que deja huellas mucho más profundas en la cultura organizacional.
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