Las impresionantes pinturas murales de los artistas Eduardo Solares y Salvador Tarazona, creadas en la década de 1930, están volviendo a captar la atención. Estas obras, que fueron redescubiertas entre 2018 y 2022 durante la reestructuración del Museo Regional de los Pueblos de Morelos, conocido como Palacio de Cortés en Cuernavaca, están pasando por un proceso de restauración tras sufrir daños por una onda tropical en julio de 2023.
El Palacio de Cortés, un edificio con una rica historia que se remonta al siglo XVI gracias a la orden de construcción del conquistador Hernán Cortés, alberga estas obras en su Sala 8, que permaneció oculta detrás de un plafón durante medio siglo. Aunque fueron estabilizadas para su exhibición, el fenómeno meteorológico reciente trajo consigo problemas serios: manchas de humedad, florescencia salina y deterioro en la capa pictórica de los murales.
Bajo la supervisión de Estíbaliz Guzmán Solano, restauradora y coordinadora en el Centro INAH Morelos, los restauradores Denise Charua Ayala y Federico Cambieri iniciaron las labores de conservación el 4 de agosto, trabajo que se proyecta concluir el 31 de octubre de 2025. A diferencia de otras ocasiones, el público tendrá la oportunidad de presenciar este meticuloso proceso de restauración, convirtiendo la sala en un espacio único en el que se fomentará la interacción y la educación a través de cédulas informativas que explicarán cada etapa de los trabajos.
Guzmán ha destacado la relevancia de estas pinturas, que ofrecen una ventana al pasado de este histórico edificio. Relacionadas con sucesos políticos, económicos y las diversas manifestaciones de poder, estas obras cargan un inmenso valor documental y social. La restauradora Denise Charua indicó que las tareas incluirán limpieza de superficies, fijación de enlucidos, eliminación de suciedad y florescencias salinas, así como la reintegración de la capa pictórica.
La sala en cuestión revela un rico contenido artístico y temporal. En la primera sección, dos bóvedas de arista construidas en 1767 dan paso a una segunda sección donde se encuentra el mural de Tarazona, datado en 1938, que presenta el emblemático árbol de Tamoanchan. Este símbolo se complementa con escenas narrativas de obras históricas mexicanas. La tercera sección muestra obras que van desde un mural más antiguo de Solares de 1932, que incluye figuras míticas y un uso singular de la paleta de colores, hasta elementos prehispánicos del mural de Tarazona, también de 1938.
Este proceso de restauración no solo permitirá disfrutar de estas obras en su esplendor renovado, sino que también reafirma la importancia de cuidar y preservar el patrimonio cultural para las futuras generaciones.
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