El mundo del fútbol mexicano ha sido sacudido por la reciente salida del delantero francés Allan Saint-Maximin del club América, una decisión que se ha tomado en un contexto de creciente preocupación por el racismo en el deporte. La baja del jugador se produjo el sábado, solo días después de que denunciara en sus redes sociales que sus hijas sufrieron actos de racismo.
El anuncio llegó el mismo día en que el club logró su primera victoria en el torneo Clausura, derrotando 2-0 a Necaxa en la cuarta jornada. A través de sus redes sociales, América agradeció a Saint-Maximin por su tiempo en el equipo, deseándole éxito en sus futuros proyectos. Sin embargo, el ambiente era tenso, ya que las amenazas de racismo no solo afectan a los jugadores sino también a sus familias y seres queridos.
El director técnico del América, André Jardine, abordó esta situación tras el partido. Confirmó que la decisión de dar de baja al jugador fue en parte consecuencia del racismo que experimentaron sus hijas, un problema del que, lamentablemente, se han quejado en más de una ocasión. Jardine enfatizó la fuerte postura del club contra cualquier forma de racismo, señalando que en el vestuario no hubo problemas entre los compañeros de equipo, pero que la situación con Saint-Maximin era distinta. “Debemos combatir el racismo; no hay espacio para eso”, afirmó con firmeza en una conferencia de prensa.
Además, antes del encuentro, los jugadores del América llevaron a cabo una acción simbólica, calentando con camisetas que proclamaban: “No al racismo”. Esta manifestación subraya la necesidad urgente de un cambio en la cultura futbolística, donde el racismo aún persiste como un tema preocupante.
Saint-Maximin, quien llegó a América en 2025, dejó una marca en el club tras anotar tres goles en 15 partidos. Con su salida, se abre la puerta a nuevas oportunidades para él, mientras que América continúa su defensa contra cualquier forma de discriminación en el deporte. En tiempos donde la inclusión y el respeto deben primar, este episodio es un recordatorio de que hay mucho trabajo por hacer.
En resumen, la situación de Allan Saint-Maximin no es solo un caso aislado; es un reflejo de un problema más amplio que afecta al fútbol y a la sociedad en general. La comunidad futbolística debe unirse para combatir el racismo efectivamente y garantizar un espacio seguro para todos los involucrados.
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