La reciente consulta de revocación de mandato en Oaxaca ha puesto de relieve una profunda crisis para el gobernador Salomón Jara, quien llegó con altas expectativas al ejercicio, pero se encontró con un panorama desalentador. Miles de oaxaqueños optaron por votar para que Jara deje el poder, reflejando un notable descontento hacia su gestión, particularmente entre los sectores que históricamente han sido aliados de su partido, Morena.
La jornada se desarrolló en medio de tensiones políticas, especialmente con el Partido del Trabajo (PT), cuya denuncia de irregularidades y movilización activa han mostrado un quiebre en lo que se pensaba una alianza sólida. Benjamín Robles, líder del PT, no solo apoyó la revocación, sino que fue uno de los más vocales a favor de terminar con la administración de Jara. En redes sociales, Robles compartió su voto a favor de la revocación, lo que fue seguido por otros miembros del PT, incluidos presidentes municipales y legisladores locales.
Los resultados preliminares, que comenzaron a fluir en la tarde del 25 de enero de 2026, indican que Jara perdió en varias casillas, incluso en su propia zona de votación. En el distrito local 12, la casilla que le corresponde tuvo 375 votos en favor de que se vaya, frente a 182 para que permanezca. Este patrón se ha replicado en colonias clave de Oaxaca de Juárez, donde la votación por la revocación superó considerablemente a la que apoyó su gestión.
Aun así, es crucial señalar que, para que la revocación del mandato sea vinculante, es necesario que voten al menos el 40% de los electorales registrados, un requisito que se prevé no será alcanzado. Esto significa que, a pesar del claro descontento expresado en las urnas, el resultado no tendrá consecuencias legales. Gran parte de la población ha llegado a considerar que, con el creciente rechazo hacia su gobierno —marcado por acusaciones de corrupción y falta de seguridad—, el mandato de Jara podría estar debidamente cuestionado, aunque formalmente no se derive un cambio inmediato.
Durante el proceso, el PT informó sobre prácticas que incluyen acarreos de votantes y manipulación de urnas, lo cual añade una capa de controversia al ya complicado proceso electoral. Robles ha denunciado que sus representantes en las casillas fueron amenazados e incluso tentados con sobornos para abandonar sus puestos. El clima tenso y las acusaciones de posible fraude han intensificado el escrutinio sobre la administración de Jara y la relación entre los partidos.
El 25 de enero también marcó un momento significativo en la historia política de Oaxaca, ya que Jara se convirtió en el primer gobernador en someterse a una consulta de revocación, algo que muchos consideran un reflejo de la falta de confianza de la población en su liderazgo. Este ejercicio, que en teoría fue impulsado por la misma coalición que Jara representa, se ha transformado en una amarga lección para el gobernador, quien ha visto cómo sus aspiraciones de ser respaldado por la ciudadanía han quedado en un segundo plano.
En conclusión, el proceso de revocación de mandato en Oaxaca no solo ha evidenciado la fractura entre el PT y Morena, sino que también ha puesto a Jara en el centro de una encrucijada política que podría reconfigurar sus posibilidades de gobernar en el futuro inmediato. A medida que se espera el anuncio oficial de los resultados, el impacto de esta jornada se sentirá más allá de la consulta, con numerosas lecturas políticas y consecuencias que podrían marcar el rumbo de los próximos meses en el estado.
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