La reciente elección presidencial en Costa Rica ha dejado una huella significativa en la política de América Latina y ha suscitado reacciones notables a nivel internacional. Laura Fernández Delgado se consagró como nueva presidenta en un proceso electoral celebrado el 1 de febrero, donde logró un rotundo 48.3% de los votos, superando por ocho puntos el umbral necesario para ganar en la primera vuelta. Este resultado refleja un respaldo robusto a su plataforma centrada en la seguridad y su enérgica promesa de enfrentar el narcotráfico, un tema crucial en un país que hasta hace pocos años era conocido por su estabilidad y seguridad.
El entusiasmo por su victoria resonó en las redes sociales, donde la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se apresuró a felicitarla, reafirmando así la intención de fortalecer los lazos entre ambas naciones. En su mensaje, Sheinbaum declaró la voluntad de su gobierno de promover la amistad, la cooperación y el respeto mutuo. La importancia de esta relación es evidente, dados los vínculos culturales y económicos que unen a México y Costa Rica.
La elección de Fernández, una politóloga de 39 años, no solo marca un cambio en la dirección política del país, sino que también se alinea con una tendencia más amplia en América Latina, donde varias naciones han visto un resurgimiento de líderes de derecha en los últimos años. Su triunfo se establece tras victorias similares en países como Chile, Bolivia, Perú y Honduras, y se produce en un contexto donde otros países, como Brasil y Colombia, se preparan para elecciones que podrían alterar el paisaje político de la región.
Fernández, en su discurso de victoria, sorprendió a muchos al no hacer referencia directa a la violencia criminal, un tema que ha dominado el debate político. En su lugar, se presentó como una “demócrata convencida” y “defensora de la libertad”, mientras que lanzó críticas incisivas hacia la prensa, un reflejo de su afinidad con el actual presidente, Rodrigo Chaves. Este tipo de enfrentamiento con los medios ha sido una característica de su mentor, lo que ha llevado a algunos a cuestionar la dirección que podría tomar su gobierno.
Sus declaraciones sobre el cambio y la promesa de un “cambio profundo e irreversible” han generado tanto entusiasmo como inquietud. Algunos opositores interpretan sus propuestas de reforma como un intento de consolidar el poder en manos del ejecutivo, un estilo que recuerda al presidente salvadoreño, Nayib Bukele.
La celebración de su victoria fue rápida; miles de seguidores de su partido, Pueblo Soberano, salieron a las calles, llenando San José y otras ciudades con banderas turquesa y ambiente festivo. Esta respuesta inmediata ilustra el deseo de cambio de una población que ha visto sus preocupaciones, particularmente en términos de seguridad, llevadas al primer plano por Fernández durante la campaña.
Este cambio en el liderazgo costarricense puede tener repercusiones significativas para la región. Costa Rica, habitualmente un referente en términos de democracia y estabilidad, ahora enfrenta el desafío de equilibrar la seguridad con los derechos fundamentales y la libertad de prensa que históricamente ha defendido. A medida que la administración Fernández asuma el mando, quedará por ver cómo ejecutará sus promesas y cómo afectará esto el panorama político no solo en su país, sino en toda Latinoamérica.
(Actualización: Los datos corresponden al 2026-02-02 21:43:00).
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