Este lunes, Felipe Calderón, expresidente de México, generó controversia al afirmar en un foro organizado por la Universidad de Georgetown que el Poder Judicial del país está dominado por “militantes de Morena”. Calderón hizo estas declaraciones durante su intervención en la conferencia titulada “El Estado de Democracia en América”, en la que criticó un supuesto proceso de “demolición de las instituciones democráticas”.
El expresidente panista sostenía que, a su juicio, la Suprema Corte era el único contrapeso en el sistema democrático de México. “Despidieron a los ministros, a miles de jueces, a cientos de magistrados”, subrayó Calderón, haciendo hincapié en que esta situación ha transcurrido “frente a las narices” del embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar. En este contexto, dejó entrever que Salazar o bien no estaba al tanto de lo que sucedía o lo había ignorado, lo que, según su perspectiva, sería “terrible”. Calderón insistió en su preocupación por la falta de garantías electorales para la oposición en México.
Ante esta afirmación, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió cuestionando la postura de Calderón, acusándolo de ser “espurio, entreguista y vendepatrias” por su implícita petición de intervención extranjera en asuntos nacionales, refiriéndose a la necesidad de que el embajador estadounidense hubiera actuado ante la reforma al Poder Judicial. En su intervención desde Palacio Nacional, destacó: “El expresidente espurio llega a Estados Unidos a exigir que el embajador debería haber intervenido.”
Sheinbaum también hizo mención histórica sobre la intervención estadounidense, recordando el papel del embajador Wilson en el golpe de Estado contra Francisco I. Madero, lo que ilustraba su posición sobre la gravedad del tema tratado por Calderón.
Las reacciones en torno a las declaraciones de Calderón resaltan las tensiones políticas actuales en el país, marcadas por desacuerdos profundos sobre el rumbo de las instituciones democráticas. La discusión pone de manifiesto la preocupación por la relación entre el poder judicial y el ejecutivo, así como la percepción de influencia extranjera en la política mexicana.
A medida que la situación se desarrolla, la población espera ver cómo estas dinámicas afectarán el futuro del sistema democrático en México y cómo las figuras políticas continuarán interactuando en este contexto tan cargado.
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