La situación energética en Cuba se encuentra en un estado crítico, amplificada por la reducción de suministros de petróleo en los últimos meses. Jorge Piñon, un experto en energía y ex-empleado de petroleras internacionales, ha seguido de cerca el impacto de estas restricciones en la economía y la vida diaria de los cubanos. Piñon menciona que el último buque que entregó crudo a La Habana fue el Ocean Mariner, que atracó el 9 de enero con 85,000 barriles provenientes de México. La presión ejercida por las políticas de la administración Trump ha dificultado aún más el acceso a hidrocarburos, lo que ha llevado a una aceleración de la crisis en la isla.
Cuba necesita alrededor de 100,000 barriles de petróleo diariamente para mantener sus servicios básicos, como la electricidad y el transporte. Sin embargo, su industria nacional solo logra producir 40,000 barriles al día, dejando un vacío significativo que hasta hace poco era cubierto principalmente por Venezuela, México y Rusia. A medida que México ha interrumpido sus envíos de petróleo —especialmente los cargamentos de crudo ligero y diésel que eran esenciales para la economía cubana—, el país se enfrenta a un inminente colapso energético. Si no llegan menos tanqueros al horizonte de la isla para mediados de marzo, advierte Piñon, la situación alcanzará un punto crítico, ya que Cuba carece de reservas estratégicas de petróleo y de infraestructura suficiente para almacenar los suministros.
La falta de combustible no solo afecta la generación eléctrica, sino que también obstaculiza servicios esenciales como el suministro de agua, un problema que podría agudizarse en el futuro inmediato. Con el 60% de las termoeléctricas del país fuera de operación por mantenimiento deficiente, la situación se torna aún más sombría. A pesar de los esfuerzos por diversificar la matriz energética hacia fuentes renovables como la solar, estos sistemas actualmente dependen de condiciones climáticas y carecen del capital necesario para escalar.
La historia energética de Cuba se ha caracterizado por su dependencia de potencias aliadas al régimen, primero la Unión Soviética y después Venezuela. Durante el mandato de Hugo Chávez, entre 2007 y 2015, el país recibía cerca de 100,000 barriles diarios de crudo, lo que temporariamente alivió sus necesidades energéticas. Sin embargo, la renuencia del gobierno cubano a reformar su modelo económico centralizado ha perpetuado su vulnerabilidad.
Jorge Piñon, quien dejó Cuba en 1960 durante la Operación Peter Pan, ha desarrollado una carrera en la industria energética que lo ha llevado a convertirse en un referente en materia de análisis energético. Su perspectiva, construida sobre la experiencia y la investigación, es clara: la situación actual es insostenible y cada día se complica más para los cubanos. Para Piñon, el diálogo entre La Habana y Washington es esencial para abordar estas problemáticas, un diálogo que parece más urgente que nunca ante la profundización de la crisis energética.
La situación en la isla plantea retos enormes, no solo para el gobierno, sino también para los millones de cubanos que enfrentan la realidad de un futuro incierto.
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