El 2 de enero de 2026, México fue sacudido por un sismo de magnitud 6.5 que tuvo su epicentro en San Marcos, Guerrero. Hasta las 2:00 horas de ese día, se habían contabilizado 936 réplicas, la más significativa de las cuales alcanzó una magnitud de 4.7. Aunque el movimiento telúrico no generó alertas para la población, varias personas en las costas y algunos puntos de la Ciudad de México pudieron sentir su intensidad.
Desafortunadamente, el sismo dejó un saldo trágico en la Ciudad de México, donde un adulto mayor de 67 años perdió la vida tras sufrir una caída mientras evacuaba su edificio. Las autoridades informaron de diversas afectaciones materiales, que incluyeron la caída de árboles y postes, así como interrupciones en el suministro eléctrico. Equipos de Protección Civil llevaron a cabo inspecciones para descartar riesgos en edificios residenciales y comerciales.
En Guerrero, los efectos del sismo fueron más severos. Un informe de la gobernadora reveló que una mujer perdió la vida cuando la vivienda en la que se encontraba colapsó. Esta estructura, construida con materiales frágiles, no soportó la sacudida. A medida que las brigadas de Protección Civil realizaban recorridos de evaluación en diferentes municipios, se detectaron daños como la caída de techos y desprendimientos de muros.
Los municipios afectados se extienden por una amplia área e incluyen Acapulco de Juárez, San Marcos, Tecoanapa, Las Vigas, y varios otros más. Las imágenes de destrucción, junto con las historias de quienes han sufrido pérdidas materiales y humanas, sirven de recordatorio de la vulnerabilidad a la que están expuestas muchas comunidades.
Ante esta situación, la esperanza se mantiene en la capacidad de recuperación de las afectaciones. La atención continua de las autoridades y las brigadas de emergencia ofrece un atisbo de respuesta efectiva frente a la adversidad natural que ha afectado al país.
El contexto y los detalles sobre este sismo son esenciales para entender la magnitud de la situación y los esfuerzos en curso para garantizar la seguridad y bienestar de la población. La resiliencia de la gente y la rápida actuación de los servicios de emergencia son factores clave que marcan la diferencia en momentos críticos como este.
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