La reciente tragedia relacionada con el tren interoceánico ha puesto en el centro del debate público no solo el exceso de velocidad oficial, sino también las serias acusaciones de los maquinistas y operadores sobre irregularidades en el proceso judicial y la infraestructura ferroviaria. Este suceso, ocurrido el 31 de enero de 2026, ha desencadenado una ola de cuestionamientos acerca de la seguridad y la efectividad de los protocolos en la red ferroviaria del país.
Los trabajadores del tren han señalado que, más allá de las circunstancias inmediatas que rodearon el accidente, existen preocupaciones sostenidas sobre el estado de las vías y la calidad de los trenes. De acuerdo con información que ha emergido desde las primeras horas tras el incidente, se han reportado fallas recurrentes en los sistemas de monitorización y mantenimiento que deberían garantizar operaciones seguras. Estas preocupaciones no son nuevas; algunos maquinistas han mencionado que las alertas sobre defectos en la infraestructura habían sido ignoradas en varias ocasiones, lo que sugiere un patrón de desatención hacia las recomendaciones de seguridad.
La falta de inversiones adecuadas en el mantenimiento de vías también ha sido un factor mencionado por los operarios. Según estimaciones, el presupuesto destinado a la infraestructura ferroviaria ha disminuido en la última década, lo que ha dejado a muchos trenes operando en condiciones subóptimas. En este contexto, los maquinistas han llamado la atención sobre que las condiciones en las que operan no solo afectan la eficiencia del servicio, sino que comprometen la seguridad de los pasajeros y del personal a cargo.
Además de las irregularidades en la infraestructura, se hacen eco las críticas sobre el proceso judicial que se ha seguido desde el accidente. Muchos operadores exigen una revisión exhaustiva de las investigaciones ya que consideran que se han pasado por alto elementos cruciales que podrían arrojar luz sobre las verdaderas causas del siniestro. La percepción de que se busca desviar la atención hacia un solo factor, el exceso de velocidad, ha generado descontento entre quienes trabajan en el sector.
Con la mirada puesta en el futuro, es imprescindible que se adopten medidas que aborden de manera integral las preocupaciones planteadas por los trabajadores del tren. La inversión en infraestructura ferroviaria segura y eficiente, así como la implementación de protocolos rigurosos de mantenimiento y operación, deben ser prioridad para garantizar la seguridad de todos los usuarios del sistema.
La conversación acerca de la seguridad ferroviaria en el país no debe terminar aquí. Mientras se continúan las investigaciones y se evalúan las acciones a seguir, es fundamental que las voces de los maquinistas y operadores sean escuchadas y tenidas en cuenta en la búsqueda de soluciones efectivas. La seguridad no es solo una responsabilidad, sino un compromiso colectivo por el bienestar de quienes dependen diariamente del transporte ferroviario.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

