La reciente salida de Michal Probierz como entrenador de la Selección de Polonia marca un cambio significativo en la dirección del equipo nacional. Después de casi dos años al frente, la federación polaca ha hecho oficial su despedida a través de un comunicado, generando un sinfín de reacciones en el panorama futbolístico.
Este anuncio surge en un contexto de tensiones evidentes dentro del equipo, particularmente con el destacado delantero del FC Barcelona, Robert Lewandowski. El ariete polaco expresó su decisión de no regresar a la selección mientras Probierz continuara como entrenador, una postura que ha acaparado la atención de medios y aficionados por igual. La raíz del conflicto se origina en la decisión del técnico de despojar a Lewandowski del brazalete de capitán, entregándoselo a Piotr Zielinski, un giro que causó descontento en el jugador.
Probierz, quien ha estado al mando del equipo desde 2021, justificó su salida al considerar que es la “mejor decisión para el bien de la Selección Nacional”. Afirmó que haber sido seleccionador fue la “realización de sus sueños profesionales” y un gran honor en su trayectoria.
Durante su gestión, el entrenador dirigió al equipo en 21 encuentros, obteniendo un balance de 9 triunfos, 5 empates y 6 derrotas. Ahora, el desafío recae en un nuevo estratega que deberá intentar no solo mantener, sino mejorar estas cifras en el marco del proceso rumbo a la próxima Copa del Mundo.
En este sentido, la trayectoria de Probierz se cierra con un legado mixto, a la espera de que su eventual sucesor pueda llevar a Polonia a un nuevo nivel de competitividad en el ámbito internacional. La Selección se encuentra en un momento de cambio que podría definir su futuro en el fútbol global.
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