El presidente Donald Trump ha anunciado la intención de cerrar temporalmente el Kennedy Center para las Artes Escénicas, llevándolo a un proceso de renovaciones masivas que se espera durará aproximadamente dos años. Este cierre, que comenzaría el próximo 4 de julio, permitirá llevar a cabo trabajos estructurales y otros arreglos necesarios, según ha manifestado el mandatario.
Trump subrayó que, aunque no planea demoler la emblemática institución, sí considera que se necesita una renovación integral, que podría implicar la remodelación de su interior y la mejora de las instalaciones. “No estoy derribándolo,” aseguró el presidente en un comunicado desde la Oficina Oval. “Usaremos el acero, así que utilizaremos la estructura.” La restauración está presupuestada en alrededor de 200 millones de dólares, lo que incluye la utilización de materiales de la más alta calidad, asegurando que el edificio resulte “mucho mejor de lo que nunca fue”.
Este plan de renovación se produce en un contexto marcado por una serie de cancelaciones de actuaciones en el centro, las cuales se intensificaron desde que Trump asumió la dirección de esta institución, originalmente establecida como un homenaje a John F. Kennedy. En preparación para esta iniciativa, Trump despidió a miembros de la junta del Kennedy Center, nombrando a leales que apoyaron su visión para el futuro del lugar, incluyendo la rebranding del centro que incluso lleva su nombre.
El cierre planificado ha sido recibido con escepticismo por parte de algunos grupos de trabajadores del Kennedy Center, que expresaron su preocupación por la falta de información formal sobre cómo este parón afectaría sus derechos laborales. La Kennedy Center Arts Workers United, que representa a varios sindicatos de artistas, ha manifestado su intención de defender los derechos contractuales de sus miembros en caso de que la suspensión de operaciones se haga efectiva.
Con el Kennedy Center como uno de los muchos proyectos que Trump busca reformar en su segundo mandato, los críticos han cuestionado si este cierre es parte de un esfuerzo más amplio por modificar Washington en su totalidad. Algunos senadores, como el demócrata Sheldon Whitehouse, han descrito la acción como parte de un “tour de demolición” en la capital.
Roma Daravi, portavoz del Kennedy Center, ha reconocido que la institución enfrenta una necesidad urgente de mantenimiento, con estimaciones que indican que se han acumulado 250 millones de dólares en reparaciones atrasadas. La portavoz agregó que la decisión de cerrar el centro podría ser la más lógica para garantizar una renovación exhaustiva y el uso responsable de fondos públicos.
Mientras tanto, Trump ha delineado las áreas que precisan atención, desde estructuras fundamentales y sistemas eléctricos hasta estándares de seguridad y sistemas de escenario. Su plan inicial de realizar estas renovaciones mientras el centro permanecía abierto ha sido descartado, reconociendo que las operaciones habituales interrumpen el trabajo esencial que necesita realizarse.
A medida que se acerca la fecha de cierre y la magnitud del proyecto se hace evidente, la atención se centra en el impacto que estas renovaciones tendrán no solo en la estructura física del Kennedy Center, sino también en su legado cultural y en la comunidad artística a la que sirve. La embestidura del presidente promete transformar considerablemente un lugar que ha sido un pilar de las artes en Estados Unidos desde su apertura en 1971.
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