“El amor eterno dura aproximadamente tres meses”, afirmaba la célebre novelista y dramaturga Françoise Sagan, una voz emblemática de la juventud hedonista y desinhibida de la posguerra francesa. Con el 14 de febrero a la vista, una vez más se presenta la oportunidad de regalar flores, peluches y reflexionar sobre las transformaciones en las formas de amar, ya sea entre personas del mismo o de diferente sexo.
En la actualidad, con la libido tan globalizada como las aplicaciones de citas, San Valentín se ha convertido en un compendio de amor romántico, poliamor, celos e infidelidades, corroborado por la ciencia social: no todo se reduce a monogamia o chocolates con forma de corazón.
Para entender este fenómeno, es fundamental explorar qué es ese amor idealizado que nos han enseñado a lo largo de los años. Algunas investigaciones indican que la noción del “amor totalizante”, en el que se busca una única alma gemela, no es una ley natural, sino una construcción social con raíces históricas profundas. Este modelo ha moldeado nuestras expectativas, haciéndonos creer que el amor debe ser eterno, exclusivo y perfecto, una fórmula que frecuentemente se enfrenta a la complejidad de los afectos humanos.
Se han identificado más de 60 genes relacionados con las características del amor romántico, haciendo de esta emoción una de las más prevalentes en nuestra cultura. Sin embargo, el poliamor emerge como un “topping” moderno que despierta opiniones encontradas; mientras que para algunos es dulce, para otros puede resultar indigesto. Investigaciones sugieren que, incluso dentro de relaciones múltiples consensuadas, sentimientos complejos como celos y traiciones pueden surgir si no se cumplen los acuerdos establecidos.
Aunque las relaciones abiertas se basan en reglas claras, la gestión de las emociones sigue siendo un desafío similar al de la monogamia tradicional. De igual manera, las apps de citas han transformado el amor en un consumo que puede ser tan atractivo como superficial; la rapidez en la selección de perfiles plantea un dilema sobre la profundidad de las conexiones que se establecen.
Las ideas de infidelidad también han evolucionado. Según una encuesta del CIS, más del 60% de los españoles considera que mantener conversaciones subidas de tono con otra persona, sin necesidad de contacto físico, se clasifica como infidelidad. De esta forma, ese inocente “hola, ¿qué haces?” podría adquirir un contexto muy diferente si va acompañado de un emoji de corazón.
El concepto de infidelidad es aún tratado de manera desigual según el género. Históricamente, las aventuras románticas de los hombres son a menudo romanticizadas, mientras que las de las mujeres llevan el peso de estigmas sociales. Esta disonancia refleja cómo las normas culturales afectan nuestro juicio sobre el deseo y la traición, incluso en un contexto donde las libertades sentimentales han avanzado.
A lo largo de la cultura popular, desde programas de televisión hasta redes sociales, la tentación sigue siendo un tema candente. Formatos como “La isla de las tentaciones” perpetúan el mito de que siempre hay una figura capaz de derribar cualquier pacto de pareja, añadiendo una dimensión dramática a las relaciones modernas.
Las emociones humanas, incluidos los celos, son compañeras habituales del amor. Sienten no son necesariamente un indicativo de una relación enferma, pero sí requieren de una adecuada gestión para evitar problemas más serios. La clave radica en cómo se abordan estas emociones, evitando caer en la desconfianza o el espionaje.
Al llegar a San Valentín, la invitación es a celebrarlo de una manera saludable y, sobre todo, segura. Se sugiere mantener la mente abierta a nuevas formas de amor, ya sea que se celebre con una nueva pareja o en soledad disfrutando de una buena película romántica. La reflexión es clara: tal y como Sagan indicaba, si el amor eterno dura apenas tres meses, lo que cuenta es cómo se vive cada instante. Así que, con quienquiera que se elija pasar el día, lo más importante es disfrutar de la travesía del amor, con sus altibajos, emociones intensas y, sobre todo, autenticidad. ¡Feliz San Valentín!
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

