“Nos recomiendan que llevemos siempre condones, pero luego ellos te dicen: ‘Oye nena, no puedes comerte un plátano con la cáscara, necesitas pelarlo, ya sabes…”. Con esta frase, Sisanda Khuzami, de 22 años, da una idea del talante de los chicos de su edad ante el preservativo. Lo describe con desparpajo, gesticulando exageradamente e imitando la voz de un varón con un punto macarra. Sus compañeros Zipho Sithandathu (21) y Nihlali Nolokwe (23) ríen, pero le dan la razón. “La mayoría piensa que el condón es aburrido; solo se fijan en eso, y no en que salva vidas”, considera Sithandathu.
Estos tres jóvenes sudafricanos están muy bien aleccionados en lo que a educación sexual se refiere porque colaboran con Médicos Sin Fronteras como asesores para niños y adolescentes en los colegios e institutos de su barrio, Khayelitsa, uno de los más pobres y más grandes de Ciudad del Cabo. Saben de los riesgos que implica no usar protección, como los embarazos no deseados y enfermedades como el sida. Pero su ejemplo no es el mayoritario: en Sudáfrica, el VIH aumenta más en la franja de edad de 15 a 24 años, con un 38% de las 200.000 nuevas infecciones de 2017, según los últimos datos ofrecidos por el Consejo Nacional del Sida de Sudáfrica (Sanac).


