El 19 de septiembre de 1985 marcó un antes y un después en la historia de la Ciudad de México, no solo por el devastador sismo de 8.1 grados que sacudió la capital, sino también por las profundas repercusiones que tuvo en su infraestructura, política y en la vida de miles de ciudadanos. Este evento telúrico dejó al descubierto la vulnerabilidad de una de las urbes más pobladas del mundo, llevándose consigo una serie de emblemáticos edificios y, trágicamente, miles de vidas.
Entre los edificios que sucumbieron a la fuerza del sismo se encontraban algunos que se habían concebido como símbolo de modernidad y prosperidad. La caída del Hotel Regis, de gran relevancia en esos años, así como la del Multifamiliar Juárez y el Edificio Nuevo León, son solo ejemplos de la tragedia materializada. Este último, conocido por su arquitectura distintiva, se desplomó, revelando las precariedades constructivas que se habían ignorado durante años.
La magnitud del desastre no solo se midió en términos de pérdida material; la larga jornada de rescate y recuperación que siguió evidenció la falta de preparación y protocolos de emergencia en la ciudad. Las historias de heroísmo de los rescatistas y ciudadanos que se unieron en un esfuerzo colectivo para salvar vidas han sido narradas y recordadas por generaciones. Hubo un giro en la percepción ciudadana respecto a la responsabilidad del gobierno, que se tradujo en una demanda más fuerte de mejores políticas urbanas y de seguridad en la construcción.
Más allá de las cifras de daños y vidas perdidas, el acontecimiento impulsó un cambio cultural en la forma en que los mexicanos se relacionan con su entorno construido. Las experiencias del sismo llevaron a la creación de nuevas normativas en materia de construcción y prevención. En la actualidad, es común ver iniciativas que buscan no solo construir edificios más seguros, sino también fomentar una cultura de prevención ante desastres naturales.
El sismo del 85 también dejó huella en el arte y la literatura, inspirando a creadores de diversas disciplinas a reflexionar sobre el dolor, la pérdida y el renacer de una ciudad que, aun en las adversidades, ha demostrado una capacidad asombrosa de recuperación. Cada aniversario, se realizan diversas conmemoraciones que no solo honran a las víctimas, sino que también sirven como un recordatorio de la importancia de la memoria colectiva en el proceso de sanación.
Con la mirada puesta en el futuro, la Ciudad de México continúa enfrentando el desafío de habitar en una de las zonas sísmicamente más activas del mundo. Las lecciones aprendidas tras el sismo de 1985 siguen resonando mientras la urbe avanza en iniciativas para mejorar su resiliencia frente a desastres, siempre con la esperanza de que una tragedia similar no vuelva a ocurrir. La historia de esta ciudad es una historia de lucha, adaptación y renovación, un recordatorio de que, incluso en las circunstancias más difíciles, la unidad y el espíritu humano prevalecen.
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