El cine, desde sus primeros pasos, ha mostrado un fascinante interés en las criaturas artificiales. Sin embargo, la noción de inteligencia artificial (IA) que conocemos hoy tiene sus raíces en la década de 1960. A lo largo de los años, los robots y androides han sido utilizados como metáforas del proletariado y de la deshumanización, mientras que la IA, en sus representaciones más abstractas, se ha vinculado con entidades inhumanas y letales.
El avance en la comprensión y el uso de los ordenadores por parte del público comenzó a finales de la Segunda Guerra Mundial. Durante este período, se crearon máquinas como Colossus y el Electronic Numerical Integrator And Computer (ENIAC), diseñadas para decifrar las comunicaciones alemanas y calcular trayectorias de misiles. Este impulso continuó después de 1945, marcando el contexto en el que los ordenadores empezaron a ser vistos como "cerebros gigantes", popularizados en la cultura y la prensa.
Tres grandes temas emergieron en relación con el ordenador y la IA: la automatización laboral y el desempleo, el surgimiento de una tecnocracia y la automatización de armas militares. A medida que los ordenadores se asociaban con las facultades mentales, se planteaba la cuestión del temor al desempleo ante la llegada de la automatización.
Un ejemplo notable del miedo al desempleo tecnológico se encuentra en la comedia romántica Desk Set (1957), donde un ordenador amenaza con suprimir todos los puestos de trabajo en una oficina. La película, aunque patrocinada por IBM, buscaba tranquilizar al público sobre la supuesta amenaza de la tecnología. Un enfoque similar se observa en un episodio de 1964 de la serie La cuarta dimensión, donde un ordenador despide a todos los trabajadores de una fábrica, incluida su propia jefatura.
A medida que la década de 1960 avanzaba, la llegada de los superordenadores hacía palpable el concepto de IA en el cine. A menudo, estos se retrataban como cerebros ultracompetentes, dando paso a interpretaciones más complejas sobre la conciencia y la subjetividad de las máquinas. La película Alphaville de Jean-Luc Godard explotó esta ambigüedad, presentando una sociedad distópica dominada por un superordenador que simbolizaba una crítica a la tecnocracia y la pérdida de la libertad de pensamiento.
De manera similar, héroes individuales en muchas narrativas cinematográficas comenzaron a luchar contra la lógica fría de los ordenadores ultraracionales, a menudo logrando vencer a estos al plantear preguntas que desafiaban su lógica. Esto se popularizó en programas como Star Trek y El prisionero, donde los protagonistas enfrentaban sistemas de IA poniendo en jaque su racionalidad.
El miedo a situaciones catastróficas también se convirtió en un elemento recurrente. En Punto límite (1964), la automatización de defensas nucleares conduce a un desastre nuclear. Esta temática continuó con películas como Colossus: el proyecto prohibido y, más tarde, Terminator, que exploraron los peligros de la inteligencia artificial en un contexto bélico.
En la narrativa contemporánea, la IA también ha adoptado matices religiosos, aludiendo a una potencial divinidad que podría gobernar a la humanidad. Este temor se remonta a una crítica más amplia sobre el culto a la máquina, y las máquinas como ordenadores que llegaron a ser vistas como manifestaciones de un orden divino.
La información presentada corresponde a la fecha de publicación original (2025-05-24 08:00:00), y aunque el análisis cinematográfico ha evolucionado desde entonces, las preocupaciones sobre la relación entre la humanidad y la inteligencia artificial continúan siendo relevantes en la cultura actual.
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