En los últimos 24 años, México ha recibido un flujo significativo de remesas, con un impacto notable en la economía de las familias receptoras. Se estima que de cada peso constante ingresado, 88 centavos se destinan al consumo. Esta tendencia subraya la importancia de las remesas no solo en incrementar el ingreso disponible, sino en impulsar el consumo que representa un motor clave para el crecimiento económico del país.
El coordinador del Centro de Modelística y Pronósticos Económicos (Cempe) de la Facultad de Economía de la UNAM, Eduardo Loria, destaca que un hogar que recibe remesas tiene un ingreso mensual promedio de 11,000 pesos (alrededor de 550 dólares, según un tipo de cambio de 20 pesos por dólar). Este impacto es especialmente crítico en períodos en los que podría haber una desaceleración de las remesas debido a factores internacionales, como deportaciones o cambios en la política económica de Estados Unidos.
El consumo de las familias es vital, representando 68.8% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2024, y Jorge Loria ha señalado que este consumo ha sido clave para el crecimiento económico post pandemia, apoyado también por la inversión privada. Las remesas no solo ofrecen soporte financiero, sino que desempeñan un papel crucial en la reducción de la pobreza. Los hogares que reciben estas transferencias suelen tener un ingreso mensual más del doble de la línea de pobreza, lo que les permite superar ese umbral y mejorar su calidad de vida.
A nivel nacional, hay aproximadamente 4.9 millones de hogares que reciben remesas, beneficiando a 16 millones de adultos. Este contexto es significativo en comparación con la Inversión Extranjera Directa (IED), que aunque aporta en términos de desarrollo económico, su impacto en la reducción de la pobreza es indirecto. En contraste, las remesas están directamente conectadas con el bienestar de las familias, especialmente en estados como Chiapas, Guerrero, Michoacán, Zacatecas y Oaxaca, donde el ingreso proveniente de estas transferencias representa un porcentaje considerable del PIB regional.
La dependencia de las remesas es crítica en estos estados marginados, donde se estima que influyen en hasta un 16% del PIB de Chiapas, por ejemplo. La perspectiva de políticas en contra de estas transferencias en el Congreso de Estados Unidos podría intensificar la vulnerabilidad de estas comunidades, ya que, al ser de las más empobrecidas, se enfrentarían a un golpe significativo en su estabilidad económica.
Con 64,000 millones de dólares en remesas para el 2024, la estabilidad económica de muchos hogares depende de estas transferencias del exterior, lo que convierte en un tema prioritario el diálogo sobre su regulación y el posible impacto que tendría en la economía de las familias más vulnerables. Mientras se avanza hacia el futuro, el papel de las remesas sigue siendo un indicativo del bienestar de las familias mexicanas, un motor esencial en un contexto económico desafiante.
La información presentada aquí refleja el contexto hasta el 2025-05-27 y se propone una comprensión profunda sobre el papel de las remesas y su relación con el consumo y la pobreza en México.
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