El Mando Central del Ejército de Estados Unidos (CENTCOM) ha tomado medidas contundentes en las aguas del Golfo, ampliando a seis el número de buques mercantes desviados en el contexto del bloqueo naval impuesto contra los puertos e instalaciones costeras de Irán. Esta cifra representa un incremento significativo, ya que han sido dos más que los reportados en el balance anterior del viernes. Además de estos seis navíos, se destaca un buque inmovilizado por negarse a seguir las órdenes estadounidenses, mientras que un octavo fue abordado para confirmar su cumplimiento con las restricciones impuestas por Washington.
Hasta el 19 de julio de 2026, las fuerzas de CENTCOM han implementado el bloqueo mediante desvíos, inmovilizaciones y abordajes de verificación. Un caso notorio incluye un buque sancionado por el Departamento del Tesoro de EE. UU. en 2024, cuya tripulación fue interceptada para asegurar que se cumpliera con las sanciones. La operación, que involucra más de veinte buques de guerra, incluidos portaaviones y destructores, se ha desarrollado intensamente desde el 14 de julio, cuando se reimplantó el cerco marítimo a instancias del expresidente Donald Trump, en respuesta a supuestos ataques iraníes contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz.
Desde la reimposición del bloqueo, el CENTCOM ha redirigido más de 100 embarcaciones comerciales, y ha caracterizado la actividad en el estrecho de Ormuz como insostenible. Esta segunda fase de una operación más amplia comenzó el 13 de abril de 2026, tras el fracaso de las conversaciones de Islamabad dirigidas a resolver el conflicto entre EE. UU. e Irán. En total, se han deshabilitado cuatro embarcaciones, y se ha permitido el paso a 26 convoyes de ayuda humanitaria.
La situación no se limita solo a la marejada de buques. En el aspecto aéreo, el CENTCOM ha llevado a cabo ataques aéreos contra infraestructura iraní en un esfuerzo por mitigar la capacidad de las fuerzas iraníes para rastrear embarcaciones en el Golfo. Estos ataques han sido continuos, logrando la destrucción de objetivos clave, como torres de vigilancia utilizadas por la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).
Desde la otra parte del conflicto, Irán ha llevado a cabo contraataques, extendiendo el conflicto más allá de sus fronteras. La IRGC ha reivindicado el lanzamiento de misiles y drones contra una base militar en Jordania, donde operaban fuerzas estadounidenses, resultando en la muerte de dos soldados y una serie de heridos. Estos son los primeros muertos estadounidenses por fuego directo iraní desde el inicio de la guerra, elevando el número total de bajas estadounidenses a 16, con más de 430 heridos.
El ataque aéreo de EE. UU. también ha tenido un costo humano en Irán, con cifras oficiales que indican al menos 35 muertos y más de 300 heridos, aunque los datos no han podido ser verificados debido a la falta de acceso a las áreas impactadas. El estrecho de Ormuz, a pesar de ser un paso clave para aproximadamente el 20% del petróleo comercializado en el mundo, se encuentra en un estado de creciente tensión.
La IRGC ha advertido que no se permitirá la exportación de petróleo o gas mientras continúen las operaciones militares estadounidenses en la región, un hecho que podría impactar severamente los mercados globales de energía. Las condiciones de seguridad han deteriorado, con un número creciente de incidentes registrados, elevando la inquietud entre las potencias involucradas y los países vecinos.
Este escenario, marcado por un ciclo constante de agresiones y contraataques, exige atención internacional y resalta la fragilidad de la situación en el Golfo, mientras las potencias mundiales observan de cerca el desarrollo de estos eventos.
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