El IMSS ha registrado en junio de 2026 un total de 22.8 millones de afiliados, marcando un incremento de 454,000 en comparación con el año anterior y 263,000 afiliaciones adicionales en lo que va del presente año. Esta cifra ha sido considerada un hito por el gobierno, quien lo asocia a la supuesta recuperación del empleo formal. Sin embargo, al ahondar en el contexto, se revela una realidad más preocupante.
Desde un análisis más profundo, es evidente que la mucha de esta “recuperación” se debe simplemente a la inercia histórica del sistema, que suele presentar cifras de afiliación récord. La cifra de 454,000 nuevos empleos desde junio de 2025 puede parecer positiva a primera vista, pero contrasta con el crecimiento mucho más robusto observado entre 2010 y 2018, así como en los años 2022 y 2023, cuando se generaban entre 600,000 y 800,000 empleos anuales. En el primer semestre de 2026, aunque la creación de 263,000 nuevos empleos refleja cierta mejora respecto a las 87,000 durante el mismo lapso del año anterior, sigue siendo inferior a las tendencias históricas.
Un aspecto clave a considerar es que la reciente incorporación de plataformas digitales en el registro de afiliados, que comenzó en julio de 2025, ha alterado considerablemente la narrativa sobre la creación de empleos. Si se excluyen estos afiliados que solo han formalizado su situación ante el IMSS, los nuevos empleos “tradicionales” representan apenas 216,000 en el total del año y 232,000 en el primer semestre, constituyendo las cifras más bajas en más de dos décadas, a excepción de los años 2009, 2020 y 2024. La realidad es que la aparente recuperación del empleo es, en gran medida, marginal.
Un aspecto digno de mención es el crecimiento del salario promedio de los afiliados, que ha visto un incremento del 5% en términos reales anuales entre enero y mayo, y un aumento del 34% respecto a 2018. A pesar de esto, el crecimiento de las remuneraciones se presenta en un contexto donde el índice de personal ocupado en sectores económicos, como revela el IGPOSE del INEGI, se manifiesta en un prolongado estancamiento. En abril de 2026, este índice se situó en 97.5, el más bajo desde diciembre de 2020, permaneciendo por debajo de los niveles de 2018.
La situación del empleo formal tampoco es sorprendente: los costos laborales han aumentando drásticamente debido a las políticas de salario mínimo y otros decretos, sin un correspondiente incremento en la productividad. Según el CEESP, desde 2019 hasta 2024, los costos laborales reales han tenido un aumento superior al 60%. Este escenario de empleo estancado, con remuneraciones crecientes, abarca sectores como el manufacturero, servicios y construcción, mientras que en el comercio el crecimiento del empleo ha sido leve.
Además, aunque la presidenta del país destaca que la tasa de desempleo se encuentra alrededor del 3%, un nivel comparativamente bajo, es esencial matizar este dato. Este porcentaje no refleja solamente el desempleo, sino que incluye a los desocupados, ya que el indicador empleado por el INEGI considera “ocupado” a quien, en el transcurso de la semana, trabajó incluso una sola hora, independientemente de su remuneración. Este método, que sigue un estándar internacional, no es completamente representativo en un país con alta informalidad como es México.
A medida que se examina la realidad del mercado laboral, emerge un problema estructural. La combinación de productividad estancada, costos laborales elevados y un encarecimiento de la formalidad limita la capacidad de generar el empleo necesario para absorber el crecimiento de la fuerza laboral. Sin una generación adecuada de capital humano, con programas sociales que carecen de incentivos para la productividad y un sistema educativo que necesita mejoras significativas, la creación de empleo verdaderamente productivo no será suficiente para satisfacer las demandas de prosperidad que el país requiere.
Actualización: Esta situación se mantiene relevante a partir del informe del 22 de julio de 2026, que refleja un contexto laboral que requiere atención inmediata y estratégicas adecuadas para abordar las deficiencias en el empleo formal y su recuperación.
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