En marzo de este año, Los Ángeles fue testigo de una exposición innovadora titulada “Monuments”, organizada por los curadores Hamza Walker, Bennett Simpson y Kara Walker, y co-presentada por el Museo de Arte Contemporáneo (MOCA) y el Brick. Este evento no solo sirvió como un escaparate artístico, sino que también provocó un diálogo profundo sobre la presencia y la eliminación de monumentos, destacando la necesidad de repensar el papel de estos elementos en nuestra vida cotidiana. Ante esta reflexión, surge la pregunta: ¿qué formas alternativas podrían asumir las esculturas públicas para reflejar un sentido más inclusivo de nuestra historia?
La esencia de este cuestionamiento radica en la idea de que deberíamos poder mirar más allá de las estatuas de acero y piedra que suelen glorificar un pasado de militarismo y colonialismo. En lugar de grandes monumentos, ¿podría ser más relevante centrar nuestra atención en el suelo bajo nuestros pies? El suelo, a menudo subestimado, es el verdadero depósito de nuestra historia; un archivo de nuestras culturas, los restos de nuestros ancestros y las semillas de nuestro futuro.
El artista Asad Raza aborda esta relación esencial entre la humanidad y el suelo a través de su trabajo “Absorption”, exhibido en diferentes partes del mundo como una instalación sensible al sitio. Esta obra forma parte de una serie más amplia que Raza denomina “Metabolisms”, la cual fue iniciada en 2015. En “Absorption”, Raza presenta un tipo de “neo-suelo” que va más allá de la simple tierra, albergando vida microbiana que debe ser cuidada con atención, a través de pruebas de pH y el mantenimiento de la humedad. Este suelo no es solo un medio inerte; es un organismo que integra arena, arcilla, bacterias, hongos y materia orgánica en descomposición, necesitando de nosotros para prosperar.
El concepto detrás de “Absorption” refleja una relación simbiótica: el suelo necesita nuestra intervención para mantenerse vivo, de la misma manera que nuestras interacciones con los monumentos también deberían fomentar un diálogo continuo. Un ejemplo de esto es el trabajo de David Hammons, quien en momentos invernales, adorna con una bufanda roja la escultura de una mujer negra en un monumento en Brooklyn, sugiriendo que la respuesta de la comunidad es esencial.
Además, Raza desarrolló esta visión junto a su hija, reconociendo que, en tiempos de crisis y descomposición urbana, es en la fragilidad de la tierra donde todos encontramos nuestra conexión más genuina. La impermanencia y la lucha por la supervivencia se entrelazan de manera urgente, pero el trabajo de Raza también rinde homenaje a la resiliencia y al potencial de crecimiento. Tras la ruina, el suelo permanece, y con él, la promesa de renovación.
Así, la reflexión sobre los monumentos y el suelo nos invita a reconsiderar nuestra relación con el pasado y aquellos elementos que constituyen nuestra vida pública. En una época marcada por el cambio y la búsqueda de significado, experiencias como las que ofrece “Absorption” pueden guiarnos hacia una comprensión más profunda de lo que significa honrar nuestro entorno y nuestra historia colectiva.
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