En un rincón apartado de las Montañas Adirondack, lejos de la conectividad celular, se encuentra Trout Lake, un lugar que guarda una historia peculiar. En su orilla se erige una cabaña perteneciente a Tom Place, un reconocido especialista en acrobacias de Hollywood, quien es más apreciado en su pequeña comunidad del norte del estado de Nueva York por sus actividades recreativas que por su impresionante currículum cinematográfico.
Desde hace más de treinta años, Place se dedica a la búsqueda de un objeto muy preciado: su Rolex Submariner, perdido en las aguas del lago. Cada fin de semana, se puede encontrar a Place realizando su rutina matutina de correr seis millas alrededor del lago, una actividad que ha mantenido durante años. La familia de Place ha estado veraneando en esta área desde 1979, y en 1991 construyeron su propia cabaña. A medida que su carrera en la industria del cine despegaba en los años 90, Place observó que muchos de sus colegas más experimentados se agotaban rápidamente durante las exigentes escenas de acción. Hoy, como uno de los “más viejos”, tiene un claro propósito: no dejar que la fatiga lo venza.
Con una sólida constitución física, Place se ha convertido en un versátil actor de acrobacias, interpretando desde matones armados hasta conductores precisos. Pero en sus días libres, lo más probable es que esté equipado con un tanque de SCUBA, sumergiéndose en el lago en busca de su “reloj del graal”.
Los relojes Rolex forman parte de la tradición familiar de los Place. Después de servir en la Guerra de Vietnam, el padre de Tom alcanzó el éxito como comerciante de materias primas y adquirió dos Rolex, un símbolo de su vida profesional que su esposa también compartió. “Eran básicamente sus únicos relojes durante 20 años”, relata Tom, recordando cómo su padre nunca se quitaba el DateJust, incluso mientras realizaba trabajos en el hogar o disfrutaba de actividades acuáticas.
En 1996, como regalo por su cumpleaños número 18, Place decidió invertir sus ahorros de $3,100 en un Rolex Submariner Date, un modelo que había superado las opciones más económicas gracias a su durabilidad. Este modelo se convertiría en fundamental en la vida de un futuro especialista en acrobacias.
Ese mismo verano, junto a su hermano, desarrollaron una actividad extrema conocida como “power jumping” a bordo de su bote familiar. En un desafortunado giro de eventos, mientras se divertían en el agua, el Submariner que tanto había costado se liberó de su muñeca y se perdió en el lago. “No sé exactamente cómo pasó, pero el broche se enganchó y fue como si viera el reloj volar”, recuerda Place, nostálgico y decidido a encontrarlo.
Esta historia ilustra no solo la creencia de Place en la perseverancia personal, sino también el valor simbólico que tiene un objeto cuyo significado va más allá de su precio, convirtiéndose en una búsqueda que, sin duda, resonará con otros que valoran la conexión sentimental que los objetos pueden poseer.
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