En la actualidad, un fenómeno curioso se ha desarrollado en el uso de la inteligencia artificial, particularmente en el ámbito de los chatbots y las herramientas de generación de contenido. Mientras que anteriormente se creía que las mujeres eran significativamente menos propensas a utilizar estas tecnologías, estudios recientes indican que la brecha de acceso se ha reducido drásticamente en los últimos años.
Un estudio realizado en 2023 en Dinamarca reveló que las mujeres tenían un 16% menos de probabilidad de utilizar plataformas como ChatGPT en comparación con sus homólogos masculinos. Esta diferencia se mantenía incluso entre trabajadores del mismo nivel y realizando tareas similares. Sin embargo, los datos de 2026 muestran un panorama diferente: hombres y mujeres ahora reportan un uso casi igualitario de las herramientas de inteligencia artificial, con un 50% de los hombres y un 47% de las mujeres indicando que las utilizan. Este cambio refleja una democratización en el acceso y uso de estas tecnologías.
A simple vista, la igualdad en el acceso sería motivo de celebración. No obstante, un análisis más profundo revela que, aunque la frecuencia de uso ha alcanzado cifras similares, la intensidad y el tipo de interacción con estas herramientas todavía muestra una clara distinción de género. Por ejemplo, un estudio de Pew Research de este año indica que el 27% de los hombres usa los chatbots diariamente en comparación con solo el 20% de las mujeres. Esta diferencia se manifiesta también en el uso de herramientas más complejas de creación, donde los hombres representan un 9% en el uso de tecnologías como Claude, frente a solo un 4% de las mujeres.
Este fenómeno sugiere que, aunque todos están cruzando la “puerta ancha” al mundo de la inteligencia artificial, los hombres tienden a interactuar con estas herramientas de forma más intensiva y creativa. Se prevé que esta interacción está relacionada no solo con la funcionalidad, sino con una pulsión más intrínseca hacia la experimentación y el juego, diferenciando a un “Homo Ludens” que juega creando sin un propósito preciso de aquel que utiliza la máquina para resolver problemas concretos.
La teoría del juego de Johan Huizinga sugiere que la creación por pura diversión tiene un valor esencial en la cultura. Aquellos que se sumergen en el juego por el simple placer de hacerlo —como generar imágenes sin un objetivo claro— han estado históricamente en su mayoría representados por hombres, lo que plantea interrogantes sobre la dinámica de género en la interacción creativa con la tecnología.
Es crucial mencionar que las razones detrás de esta disparidad de uso son multifacéticas. Si bien puede haber una tendencia cultural que asocia ciertas capacidades técnicas con el género masculino, también es cierto que las mujeres enfrentan barreras que limitan su participación. La investigación muestra que, a menudo, son más reacias a experimentar con estas tecnologías sin una clara evaluación de sus beneficios, un hecho que refleja tanto cuestiones sociales como discrimen de género en el acceso a la educación tecnológica.
La idea de que la integralidad de la experiencia humana se distribuye entre el que juega, el que fabrica y el que sabe puede ayudar a contextualizar las diferentes formas de interactuar con la inteligencia artificial. En este sentido, ambos géneros tienen roles valiosos que desempeñar, y es fundamental reconocer la importancia del tiempo no productivo y del “jugar”, que puede resultar en avances significativos.
Al final del día, la evolución del uso de la inteligencia artificial puede no ser solo un indicativo de avance tecnológico, sino también un reflejo de cómo nuestras interacciones con herramientas complejas revelan las estructuras culturales que determinan quién juega y quién construye. En un tiempo en que el mundo digital se convierte en una parte crucial de nuestras vidas, reconocer y valorar estas diferencias será esencial no solo para quienes utilizan estas herramientas, sino para la sociedad en su conjunto.
(Actualización: Los datos presentados pertenecen a investigaciones realizadas hasta el 10 de agosto de 2026).
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