Gigante Collin Morikawa. Gigante Jon Rahm. El golfista estadounidense, de 24 años, ganó este domingo el Open Británico en su primera participación en el grande de las islas. El jugador vasco, de 26, fue tercero a cuatro golpes después de un final de jornada de altos vuelos, recuperó el número mundial y llega rebosante de confianza a los Juegos Olímpicos de Tokio.
Royal Saint George’s abrió otro día las puertas de su museo a 32.000 espectadores que presenciaron una sesión del mejor golf en un campo que devuelve el juego a sus orígenes y premia el talento antes que la fuerza. El golf como nació, puro, bello, simple. Una delicia. Sobre el tapete, el sudafricano Louis Oosthuizen, el granjero simpático de los dientes separados, defendía el liderato ante un puñado de caimanes. Y como le pasó en el US Open, el grande anterior, también en cabeza después de la tercera ronda, se lo comieron.
Entonces fue Jon Rahm quien hizo valer su cara de ganador. Esta vez la presa se la llevó Morikawa, un talento con ciertos aires de ese primer Tiger juvenil que llegó para comerse el mundo. De momento, Morikawa ya le ha dado dos buenos bocados. Ganó el año pasado el Campeonato de la PGA, su primer major, en su debut en el torneo. Y este domingo conquistó el Open Británico también en su estreno (el anterior novato campeón fue Ben Curtis en 2003), su segunda gran corona en solo ocho grandes disputados. Ningún golfista en la historia había logrado hasta ahora dos títulos del Grand Slam en dos debuts.
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Morikawa se coronó con la Jarra de Clarete con -15, dos golpes de ventaja sobre Jordan Spieth (-13) y cuatro sobre Jon Rahm y Louis Oosthuizen (-11); Sergio García escaló posiciones con -4 en el día y en el total para acabar con un buen sabor de boca. Oosthuizen hizo agua cuando la presión empezó a pesarle sobre los hombros. Ya cargó con un bogey en el cuarto hoyo, pero entonces casi todos fallaban a su alrededor, como si nadie quisiera ganar el Open (o quizás era que todos lo deseaban demasiado).
El resbalón se repitió en el hoyo siete, un par cinco propicio para descontar golpes que sin embargo para él se elevó como un muro. Su bola de salida aterrizó en un búnker a la derecha y en su intento de salvar lo salvable se hundió en otra trampa de arena, otro bogey y las alarmas encendidas. Su primer birdie no llegó hasta el hoyo 11, cuando los rivales ya se le habían echado encima.


