El desafío que enfrenta Morena no se limita a ganar elecciones; su verdadero reto reside en el delicado asunto de repartir candidaturas. En Chihuahua, se anticipa una lucha interna que podría replicarse en diversas regiones del país. Los contendientes por la candidatura al gobierno estatal son el alcalde con licencia de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, y la senadora con licencia, Andrea Chávez. Ambos buscan arrebatar al PAN una entidad que consideran ganable, pero esta disputa contradice el discurso de unidad promovido por su dirigencia.
Pérez Cuéllar, quien ha transitado por el PAN y Movimiento Ciudadano antes de establecerse en Morena, cuenta con el apoyo del Partido Verde, el cual ha condicionado su participación en la alianza a que él sea el candidato. Por su parte, Chávez ha cultivado su relación con el criticado senador tabasqueño Adán Augusto López y ha estado en campaña promocionándose desde hace meses. La confrontación se ve intensificada por las acusaciones del exgobernador panista y actual senador morenista, Javier Corral, quien ha señalado a Pérez Cuéllar por corrupción y vínculos con el controvertido exgobernador priista César Duarte, acusaciones que este último rechaza vehementemente.
En el ámbito de la dirigencia nacional, hay una notable inacción que busca contener las diferencias internas. El método tradicional de utilizar encuestas para determinar a los candidatos está siendo puesto a prueba. Aunque este enfoque fue efectivo durante el liderazgo indiscutido de Andrés Manuel López Obrador, la reciente proliferación de aspirantes y las demandas de aliados complica la situación para la presidenta Claudia Sheinbaum, quien debe gestionar el orden sin parecer la única que decide las candidaturas.
Las cifras revelan la magnitud del reto: Morena y sus aliados han registrado a 277 aspirantes para 17 gubernaturas. Sin embargo, solo podrán participar seis por estado en las encuestas, lo que augura descontento desde el inicio, dado que la elección de quiénes aparecerán en las encuestas será una fuente de discordia.
El año 2027 se vislumbra con un panorama electoral complejo, ya que se disputarán 17 gubernaturas, 500 diputaciones federales, así como congresos locales y alcaldías. Morena se verá obligada a seleccionar entre un grupo extenso de gobernadores, alcaldes, legisladores y aliados, todos convencidos de haber acumulado méritos suficientes para recibir una candidatura. Cada decisión que tome creará diversos inconformes, especialmente en aquellos lugares donde el partido cuenta con más posibilidades de éxito electoral.
A pesar de que las encuestas pueden ofrecer una forma de selección, no garantizan la resolución de disputas. Si simplemente reflejan el reconocimiento público o la intención de voto, pueden favorecer a quienes más han invertido en promoción. Si la dirigencia decide integrar criterios de honestidad, paridad y lealtad, tendrá que explicar cómo y quién será el encargado de evaluarlos, evitando así la percepción de que se trata de una decisión centralizada.
Chihuahua, una de las regiones más importantes en el ámbito manufacturero y exportador del país, puede ver afectada su inversión al transitar por una campaña polarizada, coincidiendo con la revisión del T-MEC. La necesidad de un candidato competitivo se vuelve crucial para evitar que la selección disuelva la cohesión del partido y de sus aliados.
A pesar de que la oposición compuesta por el PAN, PRI y Movimiento Ciudadano aún no ha logrado consolidarse de manera eficaz, la competencia más feroz parece estar dentro de Morena. Con la posibilidad de ganar elecciones en 2027 a la vista, la verdadera prueba radicará en si logrará mantenerse unida después del complicado proceso de distribución de candidaturas.
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