Un equipo de biólogos marinos e ingenieros de la Universidad de Dalhousie ha desarrollado un avance significativo en la conservación de la ballena franca del Atlántico Norte, una especie en peligro crítico de extinción. A través de la implementación de un modelo de inteligencia artificial, han logrado descifrar el comportamiento nocturno de estos cetáceos en el golfo de San Lorenzo, Canadá. Esta investigación, publicada el 16 de septiembre de 2026 en la revista científica PLOS ONE, incorpora diversas tecnologías, incluyendo sensores inerciales tridimensionales y cámaras subacuáticas, para revelar patrones de alimentación previamente ocultos.
El estudio fue liderado por el ecólogo Jay Kirkham y se centró en solo 350 ballenas francas supervivientes en el mundo. Estos animales enfrentan un riesgo constante debido a colisiones con embarcaciones y enredos en artes de pesca. La falta de visibilidad durante la noche complicaba la comprensión de su comportamiento, lo que llevó al uso de aprendizaje automático para analizar grandes volúmenes de datos.
Entre 2023 y 2024, el equipo instaló etiquetas de seguimiento en 23 ballenas utilizando un método no invasivo. Estas etiquetas no solo registraron datos de movimiento, sino que también incorporaron micrófonos y cámaras de alta resolución para captar imágenes del proceso de filtrado. La interpretación de este vasto conjunto de datos se convirtió en un desafío, pero el uso de inteligencia artificial facilitó la identificación de momentos clave en la ingesta alimenticia.
Las investigaciones permitieron establecer que las ballenas francas dedican, en promedio, 11,4 horas al día a alimentarse, variando entre el 11% y el 76% del tiempo total de cada individuo. Además, los datos indicaron que durante el día, estas ballenas alimentan a grandes profundidades, mientras que por la noche migran hacia los primeros metros de la columna de agua, coincidiendo con el ascenso del zooplancton, su principal fuente de alimento. Este comportamiento nocturno había sido desestimado anteriormente por los métodos habituales, que clasificaban esas actividades como períodos de descanso.
El uso del algoritmo reveló un cambio radical en el comportamiento de las ballenas, exponiéndolas a un mayor riesgo de colisión con embarcaciones. Se determinó que el 25% del tiempo dedicado a alimentarse ocurre fuera de las zonas de velocidad restringida en Canadá, lo que resalta la necesidad de ajustar las regulaciones de tráfico marítimo.
Los investigadores subrayan que la inteligencia artificial ofrece una herramienta estandarizada que podría transformar las medidas de protección ambiental, permitiendo un enfoque más dinámico y adaptativo en la conservación de especies en peligro, como la ballena franca. Este innovador estudio no solo contribuye a la comprensión de la biología de estos gigantes marinos, sino que también abre nuevas posibilidades para su preservación.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


