VIVENCIAS CIUDADANAS – JUSTICIA PARA CLAUDIA, PERO TAMBIÉN PARA TODAS

Por Teodoro Lavín

La deten­ción del pre­sunto res­pon­sa­ble de la muerte de Clau­dia Taco­ronte Agui­lera es, sin duda, una buena noti­cia den­tro de una tra­ge­dia que jamás debió ocu­rrir. La joven espa­ñola, estu­diante de inter­cam­bio de la Uni­ver­si­dad Autó­noma del Estado de More­los, fue ase­si­nada en Cuautla y, ape­nas cinco días des­pués, las auto­ri­da­des logra­ron loca­li­zar y dete­ner a Fran­cisco Javier “N”, alias “El Trom­pas”. Ahora corres­pon­derá a un juez deter­mi­nar su res­pon­sa­bi­li­dad y apli­car, en su caso, todo el peso de la ley.

Hay que reco­no­cer lo que se hizo bien. Las cor­po­ra­cio­nes tra­ba­ja­ron con rapi­dez; se revi­sa­ron videos, se siguie­ron tes­ti­mo­nios y se difun­dió el ros­tro del sos­pe­choso. Tam­bién fue impor­tante el tra­bajo perio­dís­tico para con­se­guir y dar a cono­cer su ima­gen. La par­ti­ci­pa­ción de veci­nos y comer­cian­tes per­mi­tió ubi­carlo. Cuando socie­dad, prensa y auto­ri­da­des cola­bo­ran, los resul­ta­dos pue­den lle­gar pronto.

Indigna saber que el dete­nido ya tenía ante­ce­den­tes por robo y había pasado por pri­sión, por­que otra vez apa­rece “la puerta gira­to­ria” de nues­tro sis­tema de jus­ti­cia, y una per­sona que ya había delin­quido regresó a las calles para, pre­sun­ta­mente, come­ter un cri­men mucho más grave. No basta dete­ner des­pués de una tra­ge­dia; es indis­pen­sa­ble inves­ti­gar cómo ope­ra­ron las ins­ti­tu­cio­nes antes de ella, por qué falla­ron los meca­nis­mos de pre­ven­ción y bajo qué con­di­cio­nes un rein­ci­dente recu­peró su liber­tad.

Pero el reco­no­ci­miento a la actua­ción de las auto­ri­da­des no debe impe­dir­nos for­mu­lar la pre­gunta que miles de fami­lias more­len­ses tie­nen dere­cho a hacer: ¿por qué esa misma rapi­dez no se observa en todos los casos?

Clau­dia era espa­ñola y su ase­si­nato se con­vir­tió, desde las pri­me­ras horas, en un asunto inter­na­cio­nal. Inter­vi­nie­ron repre­sen­tan­tes diplo­má­ti­cos, hubo pro­nun­cia­mien­tos del gobierno de España, el caso llegó al gobierno fede­ral y las uni­ver­si­da­des espa­ño­las reac­cio­na­ron. La pre­sión fue enorme y, ante ella, todas las ins­ti­tu­cio­nes se movi­li­za­ron. Qué bueno que lo hicie­ron. Lo lamen­ta­ble es que, sin esa clase de pre­sión, los resul­ta­dos acos­tum­bran tar­dar meses o nunca lle­gar.

Las muje­res mexi­ca­nas mere­cen exac­ta­mente la misma aten­ción. Sus fami­lias no debe­rían blo­quear una carre­tera, mar­char durante sema­nas, pegar fichas de bús­queda o supli­car ante una fis­ca­lía para con­se­guir que alguien abra una car­peta y rea­lice las dili­gen­cias indis­pen­sa­bles. La vida de una mexi­cana vale lo mismo que la de una extran­jera. La nacio­na­li­dad de la víc­tima jamás debe deter­mi­nar la velo­ci­dad de la jus­ti­cia.

Este caso demos­tró que el Estado sí puede reac­cio­nar con coor­di­na­ción, inte­li­gen­cia y efi­ca­cia. Por eso, a par­tir de ahora, las auto­ri­da­des ya no podrán argu­men­tar tan fácil­mente de falta de recur­sos o de com­ple­ji­dad de las inves­ti­ga­cio­nes. Si pudie­ron actuar en cinco días, cuando los ojos de España esta­ban pues­tos sobre More­los, deben ser capa­ces de mos­trar la misma volun­tad si la víc­tima es una joven de Cuautla, Cuer­na­vaca, Jiu­te­pec, Temixco o cual­quier comu­ni­dad del estado.

En medio de esta tra­ge­dia, el Con­greso de More­los pro­ta­go­nizó un epi­so­dio polí­ti­ca­mente absurdo. La dipu­tada Andrea Gor­di­llo pro­puso modi­fi­car el orden del día para pre­sen­tar un punto de acuerdo que exi­giera accio­nes de segu­ri­dad, pre­ven­ción y pro­tec­ción para la comu­ni­dad estu­dian­til, ade­más de ren­di­ción de cuen­tas. La mayo­ría del Pleno rechazó la modi­fi­ca­ción por diez votos con­tra siete. No se estaba votando una reforma pre­su­pues­tal ni una ini­cia­tiva que divi­diera ideo­ló­gi­ca­mente a los par­ti­dos. Se pedía dis­cu­tir una tra­ge­dia que había con­mo­cio­nado a More­los y tras­cen­dido las fron­te­ras del país. Lo sen­sato era cons­truir una posi­ción uná­nime en el Con­greso. Esa uni­dad no habría per­ju­di­cado a la gober­na­dora Mar­ga­rita Gon­zá­lez Sara­via; por el con­tra­rio, habría for­ta­le­cido la ima­gen de un Estado capaz de cerrar filas frente a la vio­len­cia femi­ni­cida.

Quie­nes acon­se­ja­ron a la ban­cada mayo­ri­ta­ria impe­dir esa dis­cu­sión le hicie­ron un pésimo favor al gobierno. Con­fun­die­ron la defensa polí­tica con el silen­cio y cre­ye­ron que per­mi­tir un exhorto equi­va­lía a acep­tar una derrota. Es exac­ta­mente al revés. Un gobierno se for­ta­lece cuando reco­noce los pro­ble­mas, escu­cha las crí­ti­cas y con­voca a todas las fuer­zas a bus­car solu­cio­nes. Se debi­lita cuando sus ope­ra­do­res res­pon­den con cerra­zón, dis­ci­plina ciega y cál­cu­los par­ti­dis­tas. La gober­na­dora no nece­sita fun­cio­na­rios que con­vier­tan cada seña­la­miento en una bata­lla, ni dipu­ta­dos que levan­ten la mano sin medir las con­se­cuen­cias. Nece­sita cola­bo­ra­do­res con ofi­cio polí­tico, capa­ces de dis­tin­guir entre un ata­que par­ti­dista y una opor­tu­ni­dad para demos­trar sen­si­bi­li­dad. En este asunto, la uni­dad del Con­greso era con­ve­niente para la víc­tima, para las estu­dian­tes, para More­los y para el pro­pio gobierno.

Que se haya dete­nido al pre­sunto ase­sino de Clau­dia debe satis­fa­cer­nos, pero no con­for­mar­nos. Falta el pro­ceso judi­cial, una sen­ten­cia fun­dada y la repa­ra­ción posi­ble para su fami­lia. Tam­bién falta trans­for­mar esta res­puesta extraor­di­na­ria en una regla per­ma­nente. La mejor manera de hon­rar a Clau­dia no es pre­su­mir de una cap­tura, sino garan­ti­zar que nin­guna mujer, mexi­cana o extran­jera, sea tra­tada como una víc­tima de segunda cate­go­ría.

Jus­ti­cia para Clau­dia, sí; pero con la misma rapi­dez, la misma coor­di­na­ción y la misma deter­mi­na­ción. Jus­ti­cia para todas. ¿No cree usted?

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