Morena, el partido que detenta el poder en gran parte de México, ha finalizado la elección de coordinadores estatales en los 17 estados que elegirán gobernador en 2027. Este proceso, que atrajo a 277 aspirantes, es significativo no solo por los nombres seleccionados, sino por lo que revela sobre la dinámica de poder dentro del partido. Aunque estos coordinadores aún no son candidatos oficiales, es evidente que muchos de ellos probablemente lo serán.
Las encuestas, aunque fueron un elemento central en el proceso de selección, no fueron el único criterio a considerar. Por ejemplo, en Nayarit, Héctor Santana lideró las encuestas, pero la coordinación fue asignada a Jasmine Bugarín, del PVEM, por razones de género. A lo largo de otros estados, se ponderaron aspectos como la paridad de género, el análisis de los perfiles de los aspirantes y diversos acuerdos internos y negociaciones.
Un aspecto notable es que no hubo un solo grupo que se adueñara completamente de las selecciones. Algunos gobernadores, como Alfonso Durazo en Sonora y Mara Lezama en Quintana Roo, lograron que sus candidatos favoritos fueran escogidos. Sin embargo, en otros casos, personajes influyentes dentro de Morena no pudieron prevalecer. Por ejemplo, en Baja California, Julieta Ramírez fue seleccionada en lugar de la candidata preferida de la gobernadora Marina del Pilar. De modo similar, en Tlaxcala, Ana Lilia Rivera superó al grupo de Lorena Cuéllar.
Del mismo modo, figuras destacadas perdieron influencia en este proceso. En Chihuahua, Andrea Chávez, aliada de Adán Augusto López, fue derrotada por Cruz Pérez Cuéllar. En San Luis Potosí, Morena decidió competir sin el PVEM, priorizando la ética de evitar el nepotismo, lo que llevó a la decisión de no respaldar a Ruth González, esposa del actual gobernador Ricardo Gallardo. También, en Guerrero, Beatriz Mojica fue seleccionada en lugar de Esthela Damián, quien tiene cercanía con la presidencia.
Por otro lado, es importante mencionar que el PVEM logró coordinar Nayarit y Baja California Sur, mientras que el PT se quedó sin coordinaciones y cuestionó el procedimiento llevado a cabo por Morena. Su dirigente, Alberto Anaya, afirmó que el partido incumplió el acuerdo sobre las encuestas; sin embargo, Morena defendió que los aspirantes propuestos por sus aliados sí fueron evaluados.
La pregunta que surge es si este proceso implica una democratización dentro de Morena. Si bien se observa una multiplicidad de centros de poder en la disputa por las candidaturas —más que cuando López Obrador lideraba el movimiento— la simple existencia de múltiples grupos no garantiza una democracia interna. Las recientes designaciones indican una dispersión del poder, donde el impacto de la dirigencia nacional, los gobernadores y los distintos sectores del partido han sido significativos.
Es crucial destacar que los militantes no participaron de forma directa en la selección de los líderes para las candidaturas. La estructura de poder dentro de Morena parece haber cambiado: ya no hay un único “dedazo”, sino varios centros de decisión en pugna por el liderazgo, lo que puede o no representar un progreso hacia una verdadera democratización interna.
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