Este jueves de mediados de septiembre, la estación de Atocha en Madrid se convierte en un escenario curioso. Los ojos de los viajeros se centran en un periodista y un labrador mestizo, causantes de miradas y sonrisas. “¿Harry?”, indaga un grupo de aficionados al fútbol acerca del perro. “No, Larry, como Larry David”, contesta el periodista. Una niña rubia, fascinada, exclama en inglés: “¡He is so cuuuute!” La atmósfera refleja lo que muchos se preguntan: ¿se convierte uno en el centro de atención al viajar con una mascota?
Mientras aguardan el tren de Iryo con destino a Barcelona, es evidente que la experiencia está diseñada para causar el menor inconveniente a los demás pasajeros. Ambos han recibido asignados asientos en la última fila, incluso los han ubicado próximos a dos familias con bebés para embarcar de forma ordenada.
Sin embargo, el encanto de Larry, quizás inherente a los perros en general, derriba las barreras sociales. Al momento de esperar, el labrador es acariciado y observado por numerosos curiosos que se acercan con sonrisas y preguntas sobre sus características.
La compañía ferroviaria Iryo ha facilitado el transporte de mascotas, permitiendo que perros grandes, como Larry, viajen desde el verano de 2024. Antes, sólo se aceptaban animales pequeños, gatos y hurones en transportín. Esta decisión responde a una tendencia creciente: en Madrid, hay más de 310,000 perros censados, superando el número de niños menores de nueve años.
El actual viaje de Larry a bordo del tren representaba el número 3,835 para un perro que supera los 10 kilos. Según Javier Abadía, director comercial de Iryo, la respuesta a esta demanda refleja cambios en la sociedad actual, donde las mascotas son vistas como parte integral de la vida diaria.
Viajar con un perro grande implica seguir ciertos procedimientos. Hay que hacer una reserva por teléfono, con un coste de 40 euros, y presentarse en la estación con una hora y media de antelación. Se requiere la firma de una declaración responsable, y los los perros deben estar identificados, vacunados y desparasitados según la normativa. Solo se permite el transporte de perros que no sean menores de un año, perras en celo o de razas consideradas potencialmente peligrosas.
En el tren, después de situarse cómodamente en sus asientos, Larry se acomoda y comienza a descansar bajo el asiento, encantando a otros pasajeros. Este viaje se convierte en la oportunidad de responder preguntas que desbordan el interés sobre la raza y la edad del perro.
Iryo también permite el transporte de gatos y hurones, lo que amplía las posibilidades para los amantes de los animales que desean viajar. Sin embargo, la documentación y identificación son obligatorias, y los dos últimos deben viajar en transportín.
Mientras el tren avanza hacia Barcelona, el periodista reflexiona sobre la evolución del viaje con mascotas a lo largo de los años. En contraste con las quejas de otros tiempos sobre las restricciones de los viajes, la experiencia actual con Larry demuestra que las cosas han cambiado, haciendo que viajar en compañía de un amigo peludo sea una opción cada vez más cómoda y accesible. El propio Larry, durmiendo plácidamente, es símbolo de esta nueva era en la que los perros son ya parte de la experiencia del viaje.
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