Desde 2018, Hermès está dejando de ingresar al menos entre un 13% y un 14,2% por cada Birkin que pone en circulación. El porcentaje refiere la revalorización anual del considerado bolso más codiciado del planeta, título imbatible en casi cuatro décadas. La casa francesa no hace alarde de cuántos modelos produce de su artículo estrella, ni mucho menos de cuántos vende; pero si damos por buenos los datos de la consultora Bernstein Research (división de rastreo de mercado de la asesoría AllianceBernstein), que cifra el volumen en 12.000 unidades al año, la sangría se antoja realmente considerable.
Tener un birkin, obvio, es lo que se dice invertir en moda: una mercancía con un precio que alcanza cinco y hasta seis dígitos y que jamás se devalúa, sino todo lo contrario. Con el tiempo, algunas de las variaciones más extravagantes (piel de cocodrilo negro) llegan a tasarse en subasta por encima del 30% de su valor original. Normal que este tipo de bolso se convirtiera en la primera opción de inversión global, desbancado al arte y los sellos, en 2019, informa la consultora Knight Frank. Sí, hay quien colecciona birkins. O los 2.55 de Chanel. Y luego hace muy buen negocio con ellos.
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Al canal de compraventa de mercancías premium de segunda mano se lo conoce como mercado secundario y es la última frontera del lujo. Un próspero territorio todavía por conquistar para los primeros espadas del sector que se valora en cerca de 34.000 millones de euros y que representa ya alrededor del 9,5% del total del consumo de bienes de lujo, según un informe al respecto de Boston Consulting Group para Altagamma, el comité de la excelencia italiana.
El crecimiento anual de este segmento es cuatro veces superior al del mercado principal y se prevé que para 2025 haya duplicado su valor hasta los 60.000 millones de euros. El mismo estudio arroja más estadísticas reveladoras: el 34% de quienes adquieren regularmente productos de lujo (con un gasto anual de más de 40.000 euros) participa activamente de su reventa, mientras que el 80% busca y compra en las plataformas digitales dedicadas a las transacciones de artículos usados.
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La irrupción del grupo Kering como accionista de Vestiaire Collective, a principios de marzo, da fe de esta nueva representación del lujo en tiempos no solo de incertidumbre económica, sino también de cambio de paradigma en el consumo de este tipo de productos espoleado por las nuevas generaciones. El holding que comanda François-Henri Pinault se asegura así un suculento trozo de un pastel que el pasado enero incrementaba un 250% la cantidad de artículos despachados solo en Estados Unidos y el eje Asia-Pacífico.
Tamaño movimiento, en conjunción con la inversora Tiger Global Management y cifrado en 178 millones de euros, venía avalado por el éxito del programa piloto Brand Approved que ambas corporaciones lanzaron conjuntamente en febrero: Alexander McQueen, enseña propiedad del entramado de Pinault, ofreció a su clientela recomprar piezas de colecciones anteriores a cambio de bonos a canjear en las tiendas de la marca. Una vez autentificados por esta, los artículos volvían a ponerse a la venta con sello de garantía tanto en la web como en la aplicación para dispositivos electrónicos de Vestiaire Collective.



