”Sierva de Dios”. Desde hace poco más de un año en LinkedIn, ese es el cargo que figura bajo el nombre de Montserrat Medina (Valencia, 37 años). Hasta esa fecha, esta valenciana “del centro, de valores tradicionales y familia fallera” era una de las jóvenes más exitosas emergidas de Silicon Valley. Su startup, Jetlore, revolucionó el email marketing y catapultó las ventas por este canal de Groupon o eBay. Paypal, una de las Fortune 100 tecnológicas, acabó adquiriéndola y ella, a los 34 años, se convirtió en socia de Deloitte. “Es una edad poco usual para ese rango”, comenta un exempleado de esta firma. “Me consta que su decisión de dedicarse a la vida religiosa les pilló fuera de juego”, añade.
Salvo por la hora y media de formación, su nueva vida contemplativa es la misma que la de cualquier otra agustina. Como el de los popes tecnológicos (varios de los cuales la formaron y financiaron no hace tanto), el día arranca temprano y, desde las seis de la mañana y hasta las 10 de la noche, incluye siete periodos de oración. El centro religioso es famoso por su horno y la venta online de sus dulces. Son “trabajos en común para el sustento de la comunidad”, apostilla sor María Teresa. Incluso durante esta labor colectiva, permanece en silencio “para mantener el clima de oración que nos permita escuchar a Cristo”. Ese era su objetivo y así lo expuso Montse Medina en la carta de despedida de la vida pública: “Quiero que el Señor sea mi único Dios, y no el dinero. No puedo servir a dos señores”.
En esa “confesión”, publicada en LinkedIn, Medina citaba un texto de la Biblia: “¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!”. En ese adiós a las redes, tras años de post, titulares, fotografías etiquetadas y entrevistas en medios como Business Insider o la revista del Massachusetts Institute of Technology (MIT), decía: “Mi meta no era otra que lo que la sociedad me enseñó desde mi niñez: estudiar, posicionarme con un trabajo bien remunerado, casarme y tener hijos. La idea de servir al Señor estaba lejos de mis pensamientos: me había hecho un dios a mi medida que debía servirme a mí y ajustarse a mis objetivos y ambiciones”.
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