Entre las presiones laborales, medidas de seguridad y críticas internas, un grupo de candidatas, que también cumplen funciones en el Poder Judicial de la Federación, se enfrentan a la inusual tarea de llevar a cabo campañas para la primera elección popular de jueces, magistrados y ministros del país. La reforma reciente ha llevado a que aquellos que ya ocupaban sus cargos deban contendere popularmente, generando un cambio radical en sus vidas.
Nancy Selene Hidalgo Pérez, jueza de Distrito Especializada en el Sistema Penal Acusatorio del Estado de México, narra cómo su número impar en la tómbola la obligó a salir de su zona de confort y enfrentarse a la incertidumbre de una elección que se superpone a su rutina laboral en el centro de justicia de máxima seguridad del país. Esta nueva dinámica ha exigido a ella y a otros 377 candidatos ajustar totalmente sus esquemas de vida.
“Debemos ser extremadamente cautelosos debido a la naturaleza de los casos que manejamos”, comenta Hidalgo, quien se encuentra en proceso de campaña en un contexto donde la seguridad es primordial. Su trabajo le ocupa la mayor parte del tiempo y le limita las oportunidades para interactuar con la comunidad durante la semana, lo que hace que sus campañas sean mayormente discretas y reservadas a los fines de semana.
Hidalgo resalta que la mayoría de sus colegas en la contienda no tienen los recursos para campañas publicitarias amplias, y deben depender de métodos más simples y menos costosos, como los contactos directos en mercados y plazas. Además, reconoce que es consciente de que no todos desean una elección tan innovadora, y esto puede influir en el resultado final de la contienda.
Por otro lado, laiza Margarita Ramírez Valerio, actual secretaria de un tribunal colegiado y candidata a jueza de distrito en materia laboral en la Ciudad de México, describe su experiencia como “titánica”. Con horarios laborales extensos que limitan la disponibilidad para hacer campaña, ha encontrado en las redes sociales y la entrega de volantes una forma de llegar a la ciudadanía. Sin embargo, señala que no es fácil atraer el interés del electorado en una elección que muchos consideran irrelevante.
La crítica también ha sido un ingrediente en esta contienda, con muchos colegas que ven la participación en el proceso electoral como una traición. Sin embargo, Ramírez Valerio destaca que algunos magistrados que solían ser sus supervisores las alentaron a luchar por este nuevo sistema, enfatizando la necesidad de demostrar que el Poder Judicial puede contar con personas íntegras, dispuestas a trabajar desde abajo.
Ambas candidatas coinciden en que la participación en esta elección, a pesar de los desafíos y los riesgos, representa una oportunidad valiosa para transformar la forma en que se eligen los jueces en México, aunque el camino esté lleno de obstáculos. Con una elección que pone a prueba su dedicación, esfuerzo y, sobre todo, su compromiso con la justicia, las candidatas se preparan para el desafío que se avecina.
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