El ex presidente filipino Rodrigo Duterte ha vuelto a ser el centro de atención al ser elegido alcalde de su ciudad natal, Davao, a pesar de encontrarse detenido en Europa a la espera de juicio ante la Corte Penal Internacional (CPI). Con 80 años, Duterte recibió aproximadamente 660,000 votos, superando a su oponente más cercano por un margen notable de casi ocho veces.
En su ausencia, se anticipa que su hijo menor, Sebastian, quien actualmente ocupa la alcaldía, asuma las responsabilidades de su padre, aunque no está claro cómo Duterte tomará oficialmente posesión del cargo. La hija de Duterte, Sara, actual vicepresidenta interina de Filipinas, ha declarado estar en diálogo con los abogados de su padre para determinar el mejor curso de acción.
La legislación electoral filipina permite que los candidatos acusados enfrentándose a cargos penales se postulen si no han sido condenados y han agotado todas las instancias legales. Duterte fue detenido en marzo, en el contexto de investigaciones por su controvertida campaña antidroga, que dejó miles de muertos durante su presidencia, de 2016 a 2022.
A pesar de las acusaciones serias sobre su gestión, muchos de sus partidarios sostienen que se trata de una persecución política instigada por su sucesor, el presidente Ferdinand Marcos Jr., quien fuera un antiguo aliado de los Duterte. En las recientes elecciones intermedias, el clan Duterte ha demostrado su influencia, obteniendo buenos resultados no solo en Davao, sino en la carrera nacional por los escaños del Senado.
Candidatos afines a Duterte lideraban en las elecciones por los 12 asientos senatorial en juego, superando las expectativas, lo cual podría favorecer a Sara, quien se enfrenta a un juicio político en el Senado, acusado de malversación de fondos públicos y amenazas hacia el presidente Marcos y su familia.
Si dos tercios de los senadores respaldan su destitución, la vicepresidenta podría perder su puesto y quedar inhabilitada de por vida para ocupar cargos públicos, lo que impactaría significativamente las aspiraciones políticas de su familia de cara a las elecciones presidenciales de 2028. Además, el hijo mayor de Duterte, Paolo, busca reelección como congresista, mientras que dos de sus nietos están en la contienda por posiciones locales.
Esta situación pone de manifiesto las complejas dinámicas políticas en Filipinas, donde el legado de Duterte sigue siendo un tema divisorio. Con el panorama electoral en constante evolución, el clan Duterte continúa navegando un camino lleno de desafíos y oportunidades.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


