México es un mosaico de realidades, donde diversas economías coexisten, compiten y, en ocasiones, prosperan en condiciones disímiles. A partir de un crecimiento del PIB del 0.6 por ciento anual, la situación revela profundas discrepancias que demandan atención.
El país no se define solo por el dinamismo industrial del norte y la región del Bajío, que se han convertido en motores con una industria automotriz, aeroespacial y electrónica en auge. Estados como Nuevo León, Coahuila, Guanajuato y Querétaro han no solo atraído inversiones significativas, sino que han edificado ecosistemas industriales sólidos, respaldados por infraestructura avanzada y mano de obra calificada. De hecho, en 2024, más del 70 por ciento de la inversión extranjera directa en manufactura se concentró en estas áreas, con un récord histórico de 21 mil 400 millones de dólares en el primer trimestre de 2025.
Sin embargo, es un error limitarse a pensar que todo el crecimiento se produce en estas regiones privilegiadas. El sureste, tradicionalmente postergado, ha experimentado una transformación notable impulsada por proyectos gubernamentales. Iniciativas como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas han canalizado una inversión pública significativa, lo que ha llevado a una mejoría en los estados de Campeche, Tabasco y Quintana Roo. Aunque todavía se discuten los costos y las implicaciones ambientales de estos proyectos, su impacto en la economía local es innegable.
No obstante, la inyección de recursos públicos en el sureste está comenzando a diminuirse. Algunos proyectos continúan, pero los signos de desaceleración son evidentes en todos estos estados. La situación se complica aún más con el regreso de una agenda arancelaria bajo la administración de Donald Trump, que podría afectar a la competitividad de las manufacturas del norte y el Bajío, profundamente integradas en cadenas globales.
Sin embargo, existe un núcleo resiliente en el mercado interno que ha mostrado capacidad de adaptación a estas adversidades, manteniendo una demanda robusta en sectores como el comercio y los servicios, impulsada por el crecimiento real de los salarios y remesas récord. Este mercado interno ha servido como un salvavidas económico, contribuyendo a que algunas regiones mantengan su curso.
Detrás del crecimiento agregado del PIB, hay zonas que avanzan considerablemente, otras que persisten con lentitud y algunas que retroceden. La economía en México es multifacética, con un fuerte eje de exportación en el norte y un sistema dependiente de la inversión pública en el sur, mientras que el mercado interno, aunque enfrenta retos, tiene vitalidad por su propia cuenta.
El verdadero desafío radica no en igualar todas las partes de este mosaico, sino en diseñar políticas que potencien las fortalezas de cada región, cerrando brechas y evitando que el éxito de unos implique la marginación de otros. Solo con una comprensión profunda de todas estas realidades se puede vislumbrar un futuro más justo, competitivo y cohesionado para el país.
La información presentada corresponde a la fecha de publicación original (2025-05-23 03:43:00).
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