Este viernes, a la edad de 81 años, se confirmó el fallecimiento de Sebastião Salgado, uno de los más prominentes fotógrafos documentales y de fotoperiodismo de la historia. Su obra logró fusionar el arte con un poderoso compromiso social y político. La devastadora noticia fue anunciada por el Instituto Terra, una ONG que Salgado fundó junto a su esposa, Lélia Wanick, y por la Academia de Bellas Artes de Francia, de la que era miembro desde 2016.
Aunque las causas de su deceso no se especificaron inicialmente, se informó que ocurrió en París, donde residió gran parte de su vida y carrera. Las complicaciones derivadas de una forma particular de malaria, que contrajo en 2010 mientras trabajaba en el proyecto Génesis, habrían llevado a una agravación de su estado de salud, resultando en una grave leucemia años después.
El Instituto Terra recordó con respeto su legado como un hombre que “reveló el mundo y sus contradicciones” a través del lente de su cámara. Salgado dedicó más de cinco décadas a documentar dramas sociales y humanos, enfocándose en la realidad de refugiados, desplazados por el hambre y la guerra, así como en las duras condiciones de vida de trabajadores en distintas industrias.
Su carrera lo llevó a capturar imágenes en más de 130 países, desde los fríos extremos de Siberia hasta los desiertos en llamas de Kuwait. Su vida fue reflejada en el documental La sal de la tierra (2014), obra que recibió una nominación al Oscar en la categoría de mejor largometraje documental en 2015.
Nacido el 8 de febrero de 1944 en Aimorés, Minas Gerais, Salgado se formó como economista bajo la presión de su padre; sin embargo, un regalo de su esposa—a una cámara fotográfica—cambió su destino. En 1973 decidió dedicarse por completo a la fotografía, una disciplina que lo llevó a captar no solo lo mejor, sino también lo peor de la humanidad.
Su enfoque característico por el uso del blanco y negro era una forma de expresar la dignidad humana. “El color distrae”, decía, y consideraba que la abstracción del blanco y negro permitía a los espectadores imaginar historias más cercanas. Encomentarios respecto a la crítica que recibía por su estilo, Salgado argumentaba que la belleza no solo radicaba en la estética superficial, sino en la dignidad de las personas retratadas.
Reconocido a nivel internacional, Salgado fue galardonado con múltiples premios a lo largo de su carrera, incluidos el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1998) y el Eugene Smith de Fotografía Humanitaria, entre otros. Además, fue embajador especial del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), destacando su legado como un defensor de los derechos humanos y del medio ambiente.
Sebastião Salgado ha dejado una huella imborrable en el mundo de la fotografía y su compromiso con la justicia social y el entorno nos invita a reflexionar sobre la humanidad y su dignidad. Su obra, rica en significado y profundamente conmovedora, continuará inspirando a futuras generaciones.
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