A finales de 1916, en el Congreso Constituyente de Querétaro, se sentaron las bases del artículo 28 de la Constitución Mexicana, una pieza fundamental que definiría la relación entre el Estado y la emisión monetaria. En el primer proyecto, se contemplaban funciones exclusivas del Estado como la acuñación de moneda, el correo y las telecomunicaciones. Sin embargo, fue gracias a la iniciativa del constituyente Rafael Nieto que se incluyó la emisión de billetes mediante un Banco Único de Emisión.
Pese a que no se mencionaron explícitamente ejemplos de autonomía en bancos centrales internacionales, los legisladores evidenciaron una notable visión al advertir sobre los riesgos del abuso en la capacidad emisora de estas instituciones. El constituyente González planteó la preocupación sobre los posibles conflictos de interés que podrían surgir si la relación entre el poder gubernamental y dicha institución se tornara demasiado estrecha. Similarmente, el diputado Espinosa resaltó que el Banco Único de Emisión podría arriesgarse a ser más una herramienta política que financiera.
Durante las discusiones, se aludió a aproximadamente diez bancos de emisión a nivel global, donde el Banco de Inglaterra fue un referente indiscutible. Este banco había establecido límites en cuanto al crédito que podía extender al gobierno británico, convirtiéndose en un modelo a seguir. No obstante, sorprendentemente, el nuevo sistema estadounidense de banca central, instaurado en 1913 con la creación de la Reserva Federal, no se mencionó en las deliberaciones, a pesar de que había sentado un importante precedente de autonomía.
Con el impulso que dio la Primera Guerra Mundial, muchos bancos de emisión en el mundo comenzaron a establecer límites al crédito que podían proporcionar a sus gobiernos. El Banco de España se convirtió en uno de esos ejemplos, y su estructura influiría directamente en el diseño del Banco de México, que abriría sus puertas en 1925, marcando un hito que se cumplirá en un siglo.
Este contexto histórico proporciona una visión profunda de las preocupaciones y decisiones que moldearon la política monetaria nacional, destacando la importancia de la autonomía y las cautelas necesarias para evitar la politización del sistema financiero.
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