En el fascinante yacimiento arqueológico de la sierra de Atapuerca, se ha descubierto un diminuto diente de reno que promete cambiar la comprensión de nuestra historia natural. Este fósil, encontrado en la Galería del complejo, representa la evidencia más antigua de fauna glacial en la península ibérica, con una antigüedad que se estima entre 243.000 y 300.000 años, correspondiente al estadio isotópico marino (MIS) 8 del Pleistoceno medio.
El diente, un tercer molar de leche de una cría de la especie Rangifer, fue hallado en el mismo estrato que un fragmento craneal humano y herramientas de piedra. Este hallazgo sugiere que, durante un periodo en que el clima de la península se tornaba más hostil, grupos de homínidos primitivos coexistían con renos en un entorno marcado por estepas congeladas que se expandían desde el norte de Eurasia.
Durante el Pleistoceno, Europa experimentó múltiples glaciaciones que transformaron su paisaje en ciclos de expansión y retirada del hielo. Hasta hace poco, se creía que la fauna glacial solo comenzó a llegar a la península ibérica durante la penúltima glaciación, entre 191.000 y 123.000 años atrás (MIS 6). Sin embargo, el hallazgo de Atapuerca retrocede esa línea temporal, indicando que el frío había alcanzado el corazón de Iberia mucho antes de lo pensado.
Este descubrimiento coloca a Atapuerca como un punto crítico donde convergen el clima, la fauna y la humanidad. A medida que el clima se enfriaba, y debido a un paisaje diverso de montañas y mesetas, la península actuó como refugio para especies adaptadas al frío, mientras que otras, como los hipopótamos y elefantes, se replegaban a áreas más cálidas.
A nivel paleontológico, el pequeño diente es modestamente revelador. Su morfología distingue a Rangifer de otros cérvidos, lo que permite a los investigadores reafirmar la presencia de renos en el ecosistema de la península. El entorno en el que fue encontrado sugiere que el diente podría haber pertenecido a un animal que murió de manera natural, indicativo de que esta especie era parte del ecosistema local antes de cualquier intervención humana.
Las glaciaciones tuvieron un impacto no solo en la fauna, sino también en las comunidades humanas que habitaban la región durante el Pleistoceno medio. Las huellas de herramientas líticas junto a los restos del reno indican que estos grupos de homínidos estaban adaptándose a climas fríos mucho antes de la llegada de los neandertales a Europa occidental.
Finalmente, el valor de este descubrimiento va más allá de su singularidad. Permite a los científicos reconstruir con mayor precisión la cronología de los niveles de Galería de Atapuerca y comprender mejor la dinámica de expansión glacial en la región, planteando interrogantes sobre la resiliencia tanto de humanos como de animales frente a condiciones climáticas extremas, en un territorio que, con los siglos, emergió como un refugio vital en épocas de hielo.
La importancia del diente de reno de Atapuerca radica en su testimonio de una historia más amplia: cómo el clima ha influido en la vida en Europa, desdibujando las fronteras entre especies y culturas a lo largo del tiempo.
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