La Secretaría de Salud de México ha encendido la alarma esta semana respecto a los efectos perjudiciales del consumo excesivo de refrescos. En una reciente conferencia de prensa matutina presidida por Claudia Sheinbaum, se enfatizó la necesidad de prestar atención a los riesgos que conllevan estas bebidas, centrándose no solo en los refrescos azucarados, sino también en sus contrapartes “light” o “sin azúcar”, que, contrariamente a la creencia popular, pueden representar serios peligros para la salud.
Específicamente, se ha destacado que el consumo habitual de solo dos refrescos “light” al día podría incrementar el riesgo de infartos o hemorragias cerebrales en hasta un 31%. La preocupación principal radica en los edulcorantes sintéticos, como el aspartame y el acesulfame K, los cuales han sido vinculados a una transformación adversa de la microbiota intestinal. Estos compuestos alteran el equilibrio de las bacterias en el intestino, favoreciendo a aquellas que son perjudiciales y afectando a las que son protectoras. El acesulfame K, en particular, se ha relacionado con el aumento de peso y la inflamación crónica.
Además, estudios han evidenciado que el uso regular de edulcorantes sin azúcar (ESA) no promueve la pérdida de peso, sino que puede llevar a un incremento en el Índice de Masa Corporal (IMC) y a un mayor riesgo de obesidad. Este fenómeno desafía la percepción común de que estos productos son alternativas efectivas para manejar el peso, ya que su ingesta puede interferir con los mecanismos de saciedad y propiciar un mayor consumo de alimentos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) va más allá, advirtiendo que el uso prolongado de edulcorantes sin azúcar tampoco conlleva beneficios en la reducción de grasa corporal; de hecho, se ha asociado con un riesgo incrementado de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. La preocupación por estas bebidas se profundiza al considerar que, en México, el consumo de refrescos, incluidas las versiones “light”, es un contribuyente significativo a los nuevos casos de diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024, se registraron más de 192,000 muertes a causa de enfermedades cardiovasculares y más de 112,000 relacionadas con la diabetes mellitus, lo que resalta la necesidad urgente de implementar estrategias de prevención más efectivas.
Frente a esta situación, la OMS sugiere no utilizar edulcorantes sin azúcar como estrategia para controlar el peso, excepto en individuos que ya padecen diabetes. Esto se aplica a todos los grupos etarios, incluidas mujeres embarazadas y lactantes. La recomendación clave se centra en promover el consumo de agua potable como la principal alternativa a las bebidas azucaradas. Se aconseja también consumir alimentos que contengan azúcares naturales, como frutas, y optar por bebidas no endulzadas.
A su vez, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha instado a los ciudadanos a leer y comprender las etiquetas de los productos, aclarando que el hecho de que un refresco esté etiquetado como “sin azúcar” no implica necesariamente que sea bajo en calorías, ya que puede contener otros edulcorantes que aporten energía.
En conclusión, adoptar una dieta balanceada y cocinar de manera más saludable, evitando depender de productos procesados, es fundamental para reducir la ingesta de grasas y azúcares. Este enfoque no solo puede contribuir a una mejor salud general, sino también a la prevención de enfermedades crónicas que afectan actualmente a una alta proporción de la población.
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