El cortisol es una hormona que ha adquirido notoriedad debido a su vínculo con el estrés. Esta hormona, vital para mantenernos alertas y responder ante situaciones de tensión, puede alcanzar niveles críticos que provocan síntomas como la “cara de cortisol” y la “barriga de cortisol”, manifestaciones físicas que indican un desbalance en su regulación.
Aquellos que sufren de niveles elevados de cortisol a menudo enfrentan problemas como el estrés crónico y, en algunos casos, una adicción al mismo. Existen, sin embargo, diversas estrategias para mitigar sus efectos. Desde dar abrazos prolongados hasta mantener conversaciones acariciadoras en la cena, se pueden adoptar hábitos cotidianos que ayuden a reducir los niveles de cortisol. Entre ellos, destaca el consumo de ciertos alimentos que, si bien son clave para este proceso, requieren también un enfoque particular en su ingesta.
Sandra Martínez, Directora del Spa de 7Pines Resort Ibiza, enfatiza que “el acto de comer puede ser una herramienta reguladora del estrés”. Identifica alimentos ricos en grasas saludables, fibra, magnesio o triptófano —como nueces, aguacate o cacao puro— que no solo benefician el sistema nervioso, sino que también favorecen la producción de serotonina, contribuyendo a la disminución del cortisol.
Martínez subraya que la clave no reside exclusivamente en lo que consumimos, sino en cómo lo hacemos. Los “rituales de alimentación lenta”, practicados en muchos spas o centros de bienestar, fomentan una digestión tranquila, alejada de la urgencia cotidiana. Este enfoque implica desconectar el celular y convertir cada comida en un momento de autocuidado, transformando la manera en que interactuamos con nuestra alimentación.
Además, las infusiones de hierbas adaptógenas como la ashwagandha, el mucuna pruriens o la rhodiola desempeñan un papel crucial. Estas bebidas cálidas apoyan el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal), fundamental para regular el cortisol y, por ende, ayudan a restablecer el equilibrio en tiempos de estrés.
El mensaje subyacente es claro: la intención debe ser más que simplemente comer “sano”; se trata de nutrir el sistema nervioso de manera consciente. Así, gestionar el cortisol a través de la alimentación no se traduce en seguir una dieta más, sino que se convierte en una invitación a repensar nuestra relación con los alimentos, favoreciendo un enfoque consciente que aporte un respiro a nuestro sistema nervioso en un mundo lleno de estímulos.
En este sentido, adoptar rituales de alimentación lenta puede ser un paso significativo hacia el bienestar general, volviendo a la calma y permitiendo que la digestión se active armónicamente. Este enfoque no solo abre la puerta a un método más saludable de alimentación, sino que también fomenta una conexión más sólida con la comida y, por ende, con nosotros mismos.
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