La Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco fue el escenario de un conmovedor homenaje a las víctimas del devastador sismo del 19 de septiembre de 1985, a 40 años de dicha tragedia. En una noche donde la historia y la memoria colectiva se entrelazaron, la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, bajo la dirección de Scott Yoo, presentó el Réquiem en re menor, K. 626, de Wolfgang Amadeus Mozart, transformando la misa incompleta del maestro salzburgués en un poderoso lamento compartido.
Con un aforo de aproximadamente 5 mil personas, el evento atrajo a diversas generaciones, desde jóvenes hasta adultos mayores, muchos de los cuales llevaban consigo recuerdos de aquel fatídico día. A medida que la primera nota del Réquiem resonó, se creó un ambiente de profunda reflexión y respeto. Entre las ruinas del edificio Nuevo León, que colapsó ese día dejando entre 200 y 300 muertos, los asistentes experimentaron un instante de comunión, escuchando la frase “Requiem aeternam dona eis, Domine”, que evoca el anhelo de descanso eterno.
Este acto no fue solo musical; el barítono Rodrigo Urrutia, nacido en 1986, recordó la carga emocional que conlleva cantar en este contexto, señalando que la música transforma la tristeza en esperanza, un mensaje crucial para la ciudad resurgente tras el desastre. La selección de obras de Mozart, que incluyó secciones impactantes como “Dies irae” y “Lacrymosa”, permitió que varios asistentes, conmovidos por la música, derramaran lágrimas en un lamento colectivo.
Como parte de las actividades de la velada, la compañía Barro Rojo Arte Escénico también presentó una coreografía titulada “Cuando la tierra habló”, que resonó con los ecos del sismo, utilizando la danza para evocar la devastación y la búsqueda de esperanza. La fusión de diversas expresiones artísticas, incluyendo un cortometraje que documentaba la respuesta ciudadana durante la crisis, enriqueció aún más la experiencia, mostrando cómo la ciudad se levantó entre los escombros.
Los recuerdos del 19 de septiembre siguen vivos en la memoria de los ciudadanos. Clara Brugada, jefa de gobierno de la Ciudad de México, afirmó que este evento marcó un cambio para la ciudad, y resaltó la importancia de la solidaridad que surgió entre los residentes. La música, los relatos y los momentos compartidos de esta noche no solo rindieron homenaje a los muertos, sino también celebraron la fuerza y la resiliencia de un pueblo que se unió en la adversidad.
Al finalizar la presentación, los aplausos prolongados resonaron entre las sombras de la plaza, marcando no solo un cierre a la velada, sino un poderoso recordatorio de la conexión indestructible entre la memoria y la música. Este homenaje, que integra pasados y presentes, invita a la reflexión sobre el poder de la comunidad y el arte en tiempos de crisis.
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