Bélgica, favorita por plantilla a levantar esta Eurocopa, es un enigma de rendimiento que su debut no ayudó a desentrañar. La frágil Rusia de los balones bombeados a granel a Dzyuba, pereció bajo los balones lanzados sobre su área, en donde no había nadie que despejara absolutamente nada. Diez minutos tardó en rendirse el conjunto local después de la pompa de los himnos y el bochorno de su afición.
Empezó mal la velada en el mastodonte de San Petersburgo, uno de los derroches de hormigón más colosales de la historia de la arquitectura. Mientras los belgas hincaron la rodilla para expresar su repudio al racismo, los rusos, representantes de uno de los países más mestizos de la Tierra, permanecieron erguidos, indiferentes, jaleados por su público. Desde las gradas medio llenas bajó una pitada ominosa en dirección a las camisetas rojas.
Rusia cumplió
Bélgica dispone de la mejor materia prima posible. Podrían animarse a pelear por un gran título. No se sabe si eso ocurrirá, tras el auge anímico del Mundial de Rusia, cuando cayeron en semifinales ante Francia. En el debut de esta Eurocopa el equipo no hizo nada más que posicionarse, no cometer errores groseros, cuidar la pelota y esperar a que Rusia se inmolara. Rusia cumplió con su parte. Por vía de Semenov, primero, y de Chéryshev después.
Chéryshev se olvidó de seguir a Meunier en una acción aparentemente irrelevante por la izquierda del ataque belga. Thorgan Hazard centró al primer palo, el portero despejó, y en el segundo palo apareció Meunier libre para clavar el 0-2.
Si el 0-1 despojó a Rusia de su confianza, el 0-2 colocó a sus futbolistas en el estado mental de una pretemporada. La hora que sucedió fue un trámite en todos los sentidos y para todos los implicados menos para Lukaku, que se regodeó en el 0-3, su gol 62º en 94 encuentros con la selección, y para Eden Hazard, que volvió a probarse unos minutos a ver si por fin —a un año de la intervención quirúrgica— su tobillo derecho le responde. Continuará.


